Caballero López, Ángel

Ángel Caballero López

Sacerdote (1902-1980)

Nacimiento: Málaga, 2 de julio de 1902
Profesión religiosa: San José del Valle, 4 de marzo de 1923
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 20 de diciembre de 1930
Defunción: Granada, 9 de agosto de 1980

Nació en la ciudad de Málaga el 2 de julio de 1902 en el seno de una familia religiosa. Su hermano Pablo también será sacerdote salesiano y mártir.

Hace el aspirantado en la casa salesiana de Écija y el noviciado y filosofía en San José del Valle (Cádiz).

El 4 de marzo de 1923 emite sus primeros votos en dicha localidad gaditana. Realiza el tirocinio en las obras de Montilla y Utrera. Es ordenado sacerdote en Sevilla el 20 de diciembre de 1930 y trabaja como joven sacerdote en las casas de esta ciudad andaluza y más tarde del pueblo sevillano de Fuentes de Andalucía.

En 1935, por voluntad propia, es destinado a las misiones de la Tierra del Fuego (Chile). En la ciudad chilena de Punta Arenas desempeña la labor de secretario del obispo salesiano, monseñor Arturo Jara Márquez (1880-1939), vicario apostólico de Magallanes y las Malvinas, de 1926 a 1939. Ángel fue trasladado a Argentina por motivos de salud, primero a Río Gallegos y después a la ciudad de Bahía Blanca, donde permaneció hasta 1945.

Vuelto a España, durante el curso 1945-1946 estuvo con los estudiantes de filosofía en la casa utrerana de formación de los salesianos de Consolación, realizando la tarea de profesor y encargado del santuario de la patrona. De allí pasa a la ciudad sevillana de Carmona como director, de 1946 a 1952.

En 1952 es trasladado a Las Palmas de Gran Canaria, también como director. Vuelve a Consolación en Utrera como confesor y encargado del santuario y, ya como confesor de comunidades y alumnos, vive en los colegios del Sagrado Corazón-Castillo de Ronda, Posadas, Úbeda, Pedro Abad y finalmente en Granada, de 1974 hasta su fallecimiento el 9 de agosto de 1980, a los 78 años.

Fue una persona de buenas relaciones humanas, buen comunicador con gracejo andaluz, simpatía, buen humor, serenidad y amplitud de miras. Hombre de muchas preguntas y una curiosidad innata que saciaba con sus múltiples lecturas. Su cuarto era un laboratorio de todo: hierbas, cocciones, semillas… Nunca estaba aburrido, siempre tenía algo que hacer.