Julián Luis Fernández Postigo
Sacerdote (1887-1980)
Nacimiento: Reocín de los Molinos (Santander), 21 de junio de 1887
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 26 de junio de 1906
Ordenación sacerdotal: Ciutadella (Menorca), 15 de septiembre de 1914
Defunción: Madrid, 8 de agosto de 1980
Había nacido el 21 de junio de 1887 en Reocín de los Molinos, cerca de Torrelavega, en Santander. Tras haber hecho el aspirantado en Villaverde de Pontones, marcha a Carabanchel Alto, donde realiza el noviciado, profesa el 26 de junio de 1906 y estudia parte de filosofía, que completará, por libre, en Vigo. Clérigo en Santander, no sabemos dónde estudia teología, pero sí que es ordenado sacerdote en Ciutadella el 15 de septiembre de 1914.
Poco después, marcha a Argentina, donde es destinado a Bahía Blanca. En 1927 es nombrado director del colegio de Nuestra Señora de la Piedad. Su apostolado desborda ya el ámbito salesiano y el obispo le nombra asesor de las jóvenes de Acción Católica. También recibe el nombramiento de asesor de la enseñanza religiosa de las escuelas de aquella provincia. En 1943 es destinado de director a Viedma, donde asume asimismo las tareas de juez presinodal del tribunal eclesiástico y director del consejo diocesano de enseñanza católica. Aquí conoció y estimuló una vocación singular, la de Juan Edmundo Vecchi, más tarde Rector Mayor. De 1947 a 1951 es rector de la parroquia y miembro de la comisión municipal de cultura de Bariloche. Asimismo, desempeña las labores de director espiritual del ejército, como se le había también solicitado en Viedma. Será en Bariloche cuando llegue a tratar a Ortega y Gasset en sus años de exilio. Regresa a Bahía Blanca y, ante posibles rumores de episcopado, solicita su regreso a España.
Tras ser confesor en Madrid del colegio de Huérfanos de Ferroviarios y de La Paloma, recibe la encomienda de la capellanía de las salesianas de El Plantío. Allí será todo: capellán, consultor, profesor, predicador y maestro de espíritu. En las sobremesas y tiempos de esparcimiento, las hermanas, entre adulación y elogio, le llamaban «El obispo de El Plantío».
Autodidacta, de mucha y variada lectura, culto, sin ostentación, llegó a conocer nueve lenguas. De joven salesiano colaboró en las Veladas Recreativas con el pseudónimo de «Júfer».
Ingresado en la Clínica San Camilo de Madrid, aquejado de insuficiencia vascular cerebral, el padrecito fallecía el 8 de agosto de 1980, a los 93 años de edad.
Transcribimos el siguiente pensamiento sobre la experiencia de la ancianidad en España, alejado del tiempo apasionante vivido en Argentina: «Pasó mi tiempo, Jesús; quítame el orgullo de la experiencia que dan los años, y el creerme indispensable… Aviva mi experiencia, querido Don Bosco, en que, ya que me diste hasta ahora pan, trabajo abundante, me darás el Paraíso prometido».