Amado de la Cal Arenales
Sacerdote (1933-2012)
Nacimiento: San Martín de Rubiales (Burgos), 15 de agosto de 1933
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1952
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1961
Defunción: Ávila, 7 de enero de 2012
Nació en el pueblo burgalés de San Martín de Rubiales el 15 de agosto de 1933. Sus padres, Amado y Natividad, le dieron una buena educación religiosa.
Las primeras letras las aprendió en la escuela de su pueblo, hasta que en 1947 entró en el aspirantado salesiano de Astudillo y de allí pasó a Arévalo para terminar sus estudios de humanidades. En 1951 comenzó el noviciado en Mohernando, donde profesó el día 16 de agosto de 1952. Los estudios de filosofía los comenzó en el colegio de San Fernando de Madrid, pero a los pocos meses el filosofado fue trasladado a Guadalajara y allí terminó esta etapa de su formación.
De 1954 a 1957 hizo su trienio práctico en Arévalo como formador de aspirantes. Estos años marcaron su personalidad y señalaron uno de los campos principales de su apostolado: la formación de jóvenes aspirantes al sacerdocio.
Terminado el tirocinio, comenzó en Carabanchel Alto los estudios de teología, que realizó en los años 1957-1961 y que culminaron con la ordenación sacerdotal en Madrid, el 24 de junio de 1961.
Como sacerdote, su primer destino fue de nuevo Arévalo y más tarde marchó como prefecto a la casa-noviciado de Mohernando. Los años de 1964 a 1970 estuvo como estudiante universitario en la Institución Sindical Virgen de la Paloma de Madrid, llevada por los salesianos. Se licenció en Historia y se especializó en Arte.
Hombre de profunda espiritualidad, supo aprovechar sus buenos conocimientos de arte para ejercer un extraordinario apostolado como acompañante de grupos de salesianos y de jóvenes en visitas a ciudades y lugares históricos…
De 1974 a 1981 ejerció como vicario y jefe de estudios en el estudiantado filosófico de Guadalajara. Después de ser jefe de estudios en la casa de Estrecho de 1981 a 1989, fue nombrado delegado nacional de escuelas, cargo que ocupó hasta 1998. Los últimos años de su vida como administrador de la comunidad en la Procura de Misiones le ofrecieron la oportunidad de prestar un gran servicio a los muchos misioneros que pasaban por aquella casa.
Su profunda formación clásica y su estricta observancia religiosa lo inclinaban fácilmente a ser crítico con algunas tendencias modernas que estaban imponiéndose en la Iglesia y en la Congregación y que, a su parecer, no se adecuaban al Evangelio o al genuino espíritu salesiano.
Austero y sencillo, era enemigo de demostraciones o celebraciones externas hacia su persona. Dejó entre sus últimas voluntades que no se le hiciera funeral institucional ni se escribiera su carta mortuoria, pues quería ser recordado únicamente como un simple y pobre sacerdote salesiano.
En los últimos años, una dolorosa enfermedad minó su salud y le hizo padecer mucho. Llevó con paciencia el sufrimiento y con menos paciencia el verse limitado en su actividad. Al final fue llevado a la casa de enfermos de Arévalo para ser mejor atendido. Murió en el Hospital de Ávila el 7 de enero de 2012, a la edad de 78 años.