Cañete Martínez, Jesús

Jesús Cañete Martínez

Sacerdote (1923-1998)

Nacimiento: Tobarra (Albacete), 25 de febrero de 1923
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 21 de agosto de 1942
Ordenación sacerdotal: Martí-Codolar, 24 de junio de 1951
Defunción: Villena, 22 de diciembre de 1998

Nació el 25 de febrero de 1923 en Tobarra (Albacete). Al quedar huérfano, sus tíos se lo llevaron a Villena, con los que se crió y a los que siempre consideró como padres. En septiembre de 1932 ingresó como alumno en el colegio salesiano.

En 1938 marcha al aspirantado de Sant Vicenç dels Horts. Allí mismo comenzará el noviciado y profesará el 21 de agosto de 1942. En Gerona cursa los estudios filosóficos, seguidos del trienio que realiza en Huesca-Heredia y Valencia-San Antonio. Inicia teología en Madrid-Carabanchel Alto y la termina en Barcelona-Martí-Codolar. Recibe la ordenación sacerdotal en Barcelona-Tibidabo, el 24 de junio de 1951.

Sus primeras responsabilidades como sacerdote se alternan entre el cargo de consejero escolástico y de catequista en Barcelona-Rocafort, Pamplona, Zaragoza, Ciutadella, Universidad Laboral de Sevilla, Monzón, Mataró y Barcelona-Horta.

Al sorprenderle la división de inspectorías en Ciutadella (1958), quedó incorporado a la inspectoría de Barcelona, pero en 1968 pasó a la de Valencia y fue destinado a la casa de Valencia-San Antonio. Seis años pasó en Elche, tres en Albacete como director, dos en Valencia-San Antonio, siete en Ibi y la última etapa de nueve años la vivió en su Villena, como encargado de la iglesia. Aquí murió el 22 de diciembre de 1998, a los 75 años de edad.

Jesús era una persona tranquila y afable, que transmitía serenidad y confianza. En todos los lugares donde la obediencia lo destinó, dejó una estela de educador salesiano y sacerdote cumplidor, preocupado por formar a los jóvenes con rigor y preparación, interesándose también él mismo por ponerse al día en temas de pedagogía y teología.

Su corazón salesiano le llevaba a compartir la vida de los muchachos haciéndose presente en medio de ellos en el patio o sentándose a charlar con los jóvenes del centro juvenil, interesándose por sus problemas e ilusiones. Su celo sacerdotal se irradiaba en sus cuidadas homilías y en la atención al sacramento de la confesión que impartía a los niños, a las religiosas que él atendía y a los fieles que frecuentaban el santuario.

Aunque arrastraba ciertos problemas de salud ocasionados por algunas intervenciones quirúrgicas, nada hacía presagiar que su muerte iba a ser tan rápida. Llevaba unos días en el Hospital de Elda (Alicante) sometido a algunas exploraciones y pruebas médicas y, cuando el día 22 de diciembre se preparaba la comunidad para llevárselo a casa y celebrar juntos las fiestas de Navidad, un repentino agravamiento acabó con su vida.

La noticia de su muerte conmovió a los amigos de Villena, que se apresuraron a darle el último adiós en la capilla ardiente colocada en el santuario. El funeral, presidido por el padre inspector, don David Churio, y concelebrado por un gran número de salesianos venidos de las casas vecinas, fue una muestra del gran aprecio que los villeneros tenían por don Jesús y por toda la obra salesiana.