José Carrasco Gallego
Sacerdote (1906-1944)
Nacimiento: Valencia, 8 de septiembre de 1906
Profesión religiosa: Sarrià, 14 de julio de 1926
Ordenación sacerdotal: Madrid, 15 de junio de 1935
Defunción: Huesca, 11 de noviembre de 1944
Nació en Valencia, en el barrio de Sagunto, el 8 de septiembre de 1906. Huérfano muy pronto de padres, ingresó en el seminario conciliar de Valencia y, después del primer curso, marchó como aspirante a El Campello. Desde que entró en el aspirantado, se distinguió por su amabilidad y su bondad. Pero su porte, sin él quererlo, resultaba cómico. Aunque alto y corpulento, le faltaba gallardía en los andares. Pero su bondad y su buen humor hicieron de él, toda su vida, un personaje amable y querido.
Hizo el noviciado y la profesión religiosa en Sarrià el 14 de julio de 1926. Su primer destino fue la casa de Sarrià, como maestro y asistente de los aprendices. Hizo luego sus estudios teológicos y se ordenó sacerdote en Madrid el 15 de junio de 1935.
Comenzó su labor sacerdotal en Villena. Allí le pilló la Guerra Civil. Después se quedó un año en Valencia, otro en Sarrià y en 1941 marchó a Huesca, donde pasó el resto de su vida.
Estuvo destinado en Villena, Valencia, Sarrià y Huesca.
Fue un sacerdote muy activo y un educador de vanguardia, un religioso sencillo y servicial, salesiano de buen humor, simpático y profundo, aunque su apariencia fuera un poco cómica: era la alegría de la casa, indispensable en todas las reuniones, fiestas y otras efemérides. Creaba un buen ambiente de comunidad. Cantaba, por ejemplo, con su voz de barítono, la romanza de «El Cazador», de monseñor Cagliero, con gusto y afinación.
Desempeñaba el cargo de catequista, era consiliario del círculo Domingo Savio, alma de los patios, aulas, teatro e iglesia.
Tuvo un final hermoso y pintoresco. Era el primer trimestre del curso 1944-1945. Se diría que llegó a prever su muerte. Llevaba varios días en los que lo mismo guardaba cama, que se levantaba. El 10 de noviembre, vigilia de su muerte, llamó al director, el padre Viñas, y le pidió el viático y la santa unción. El padre Viñas se resistía, porque no le veía grave, pero quiso complacerle, con toda la comunidad presente. Él, dirigiéndose al salesiano don Juan Manuel Imbert, le dijo: «Juanito, tráeme las gafas, que quiero verlo todo bien». Varios pensaron: «Empieza la comedia». Hizo una pausa y, antes de recibir la comunión, sorprendentemente dijo: «Os pido perdón a todos y os doy las gracias».
A la mañana siguiente lo encontraron muerto en la cama, con las manos juntas sobre el pecho y el rostro sereno. Era el día el 11 de noviembre de 1944. Hacía poco más de dos meses que había cumplido 38 años.
«Don José Carrasco —afirma don Basilio Bustillo— resultaba un tipo cómico, pero era bueno, bueno, bueno del todo».