Castejón Castro, Benito

Benito Castejón Castro

Sacerdote (1921-1991)

Nacimiento: Banariés (Huesca), 21 de marzo de 1921
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1939
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 20 de junio de 1948
Defunción: Valencia, 26 de diciembre de 1991

Nació el 21 de marzo de 1921 en Banariés (Huesca). Fue el quinto de los siete hijos del matrimonio formado por Francisco y Andresa. Cuando Benito tenía 6 años, la familia se trasladó a vivir a Huesca, donde inició su escolarización en un colegio nacional. Junto con su hermano Jesús comenzó a frecuentar los domingos el oratorio festivo de los salesianos. Allí le nació la vocación salesiana.

En 1933 marcha a Barcelona para iniciar el aspirantado en la casa del Tibidabo y continuarlo en la de Sant Vicenç dels Horts. En 1938 comienza el noviciado en San José del Valle, donde hace su primera profesión religiosa el 8 de septiembre de 1939. Allí mismo realiza sus estudios de filosofía y es destinado después a Mataró para el trienio práctico. Cursa a continuación los estudios de teología en Carabanchel Alto, donde es ordenado sacerdote el 20 de junio de 1948.

Ya sacerdote, derramó a manos llenas su entusiasta labor de salesiano y sacerdote por las casas de Villena, Alicante, Pamplona, Alcoy-San Vicente, Cuenca, Alicante-María Auxiliadora, y de nuevo Villena y Alcoy-San Vicente. Murió en Valencia el 26 de diciembre de 1991, a los 70 años de edad.

Don Benito fue un hombre inquieto y dinámico. Diplomado en lengua francesa, mantuvo relación fluida y constante con los salesianos de Toulouse. Su preocupación por la doctrina social de la Iglesia le llevó a crear un grupo de acción social dirigido especialmente a empresarios alcoyanos. En Cuenca, apasionado por la belleza de la ciudad, creó con los alumnos un grupo de jóvenes guías turísticos con el fin de que descubrieran a los muchos visitantes los encantos de la ciudad.

Fue un hombre de fáciles relaciones con las personas, cercano a ellas sobre todo en los momentos de sufrimiento o dificultad. A pesar de su carácter fuerte (se preciaba de ser un buen aragonés), y que él procuraba fomentarlo y mantenerlo, se ganaba el afecto de quienes le trataban.

Su corazón de salesiano lo puso al servicio de la Familia Salesiana. Los antiguos alumnos de la inspectoría y de España ocuparon mucho de su tiempo y de sus inquietudes. También se dedicó a los cooperadores salesianos y fruto de ello fue el inicio del movimiento Hogares Don Bosco en Cuenca, al que don Benito supo dar cauce con ejemplar entusiasmo.

Fue un gran sacerdote salesiano, amante de la Iglesia, predicador infatigable de la Palabra de Dios, servidor fiel y dispensador de los sacramentos, especialmente del de la reconciliación.

Imprimió a su ministerio y a su apostolado un estilo peculiar de presencia rápida, incluso urgente, allí donde se sentía reclamado, y muchos eran los que acudían a él en busca de consejo, de apoyo o de dirección espiritual para su vida cristiana.

Durante el último año de su vida, cuando su salud sufrió un serio deterioro, padeció mucho por los fuertes dolores y la sensación de inutilidad que le causaba su práctica invalidez. Pero, a la vez, dio ejemplo de paz y serenidad en la aceptación de la voluntad de Dios sobre su vida y en la ofrenda de su dolor por las vocaciones.

Murió en Valencia pero, como era su deseo, sus restos mortales fueron trasladados a Alcoy. En el santuario de María Auxiliadora recibió el último adiós en una eucaristía concelebrada por numerosos salesianos y sacerdotes de la ciudad, acompañado por sus familiares y sus muchos amigos de Alcoy, Villena, Alicante y Cuenca.