José María Agüero Naranjo
Sacerdote (1922-1998)
Nacimiento: Sevilla, 3 de marzo de 1922
Profesión religiosa: Gerona, 15 de agosto de 1941
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 29 de junio de 1950
Defunción: Martí-Codolar, 9 de enero de 1998
Nació el 3 de marzo de 1922, en el barrio de Santa Cruz de Sevilla; el padre era procurador en cortes en Sevilla, y la madre, maestra. Tuvieron que trasladarse a Alcalá de Guadaíra, y allí José María y su hermano Juan fueron alumnos del colegio salesiano. Pero la muerte de sus padres dejó huérfanos a los cuatro hermanos.
Por intervención de un tío sacerdote, canónigo de la catedral de Gerona, los dos niños ingresaron internos en el colegio salesiano de la capital (1930-1934). El curso siguiente inicia el aspirantado en el Tibidabo y lo continúa en Sant Vicenç dels Horts (1934-1936). Acabada la guerra, volvió a Sant Vicenç dels Horts, terminó el aspirantado y comenzó el noviciado en Gerona, donde hizo la profesión religiosa, el 15 de agosto de 1941. Cursa allí también los estudios de filosofía, realiza el trienio práctico en Alcoy, inicia los estudios de teología en Carabanchel Alto y es ordenado sacerdote en Madrid, el 29 de junio de 1950.
Trabaja como consejero, catequista y prefecto en Pamplona, Huesca, Mataró y en Tremp. Tras el curso de perfeccionamiento en Urnieta (1977-1978), que hubo de interrumpir porque se le detectó un tumor canceroso, sufrió cuatro intervenciones quirúrgicas y le sobrevino una grave trombosis flebítica, que pasó a ser crónica.
Siguió desempeñando diversas responsabilidades en Sarrià-Santo Ángel, Sabadell, Rocafort y Mataró. En Mataró vivió el gran cambio: desde los bonancibles primeros años sesenta, que siempre añoró, hasta los marcados por las inquietudes postconciliares y de la primera transición política. Además tuvo que enfrentarse a las necesidades materiales, que comportaban la aplicación de la reforma escolar y la desaparición gradual del antiguo internado: nueva iglesia, nueva portería, nuevos despachos, urbanización del patio de deportes, la piscina…
No fue nada extraño que se sintiera cansado, pero encontró un campo de apostolado a la medida de sus fuerzas como vicario parroquial, consiliario de los cursillos de cristiandad y encargado de ADMA. Se entregó a ello con gran ilusión, generosidad y amor preferente a los pobres y necesitados. En los últimos años, tras cierta mejoría en su salud, ejerció puntual en la iglesia de Rocafort su ministerio en el sacramento de la reconciliación, y atendió al grupo de cooperadores.
Ya enfermo, recaló en la enfermería de la residencia de Ntra. Sra. de la Mercè de Martí-Codolar, donde murió el 9 de enero de 1998, a los 75 años de edad.
El cargo de administrador parecía el más adaptado a su talante ordenado y detallista, pulcro y digno en el trato, atento con todos, sobre todo con los más sencillos y el personal de servicio. Gran aficionado a la poesía, escribió unos 1.380 poemas, para personas de buena voluntad.