Eudaldo Conill Terradellas
Sacerdote (1871-1938)
Nacimiento: Gombreny (Gerona), 14 de octubre de 1871
Profesión religiosa: Sarrià, 3 de febrero de 1906
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 11 de junio de 1897
Defunción: Barcelona, 1938
Nació en Gombreny (Gerona) el 14 de octubre de 1871. Entró en la Congregación siendo ya sacerdote (Barcelona, 11 de junio de 1897) y, como tal, aparece su nombre en la lista de novicios de Sarrià del año 1906, donde profesó el 3 de febrero de dicho año.
Fue catequista de Sarrià de 1913 a 1929, y sigue hasta 1936 como confesor en la misma comunidad. A partir de 1923 es simultáneamente director del oratorio festivo de Badalona durante 13 años. El necrologio le cita como muerto en el año 1938, a los 67 años de edad, pero sin fijar lugar ni fecha cierta. Desgraciadamente llegó la Guerra Civil. Como otros salesianos, don Edualdo hubo de salir de casa. Y con esta pena en el alma murió durante la guerra, sin que tengamos detalles de su fin.
Era un ejemplar vivo del salesiano apóstol. De presencia ascética (que recordaba a la don Rua) y movimientos nerviosos, era de una amabilidad exquisita y siempre como quien lleva prisa para hacer algo.
Al hablar, no podía negar su origen catalán. Y en catalán se expresaba cuando se dirigía a sus muchachos del oratorio, en una mezcla original que todos acaban por entender muy bien, porque hablaba con el corazón.
Lo más grande era su lección de catecismo por las tardes, llena de ejemplos y comparaciones, con todos los oratorianos apretujados en un humilde local, que servía de capilla y salón de proyecciones, pendientes todos de sus labios y, sobre todo, de la suerte que podían tener en la rifa que él celebraba al final de la catequesis. Don Edualdo tenía el corazón oratoriano de Don Bosco. Después de la misa, visitaba a los bienhechores del oratorio, que le ayudaban con limosnas para el sostenimiento del mismo. Aquella obra finalmente se convirtió en el gran colegio salesiano de Badalona.
Parecida en sus afanes, distinta en el ambiente, era la vida que don Edualdo llevaba durante la semana con los jóvenes aprendices de Sarrià, a los que quería y quienes le querían como a padre amable y solícito.