Teófilo Fernández Arroyo
Coadjutor (1925-2009)
Nacimiento: Melgar de Fernamental (Burgos), 22 de julio de 1925
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1944
Defunción: Logroño, 20 de junio de 2009
En la villa burgalesa de Melgar de Fernamental nació Teófilo, a quien su hermano mayor, Martín, había precedido en la vida salesiana. Fue continua durante su vida la referencia y el recuerdo hacia su querido pueblo. La belleza de los campos y la inmensidad del mar atraían su corazón y hacían revivir la vena de artista que siempre latía en su persona.
Su primer lugar de formación fue el colegio de los paúles, en Tardajos (Burgos). Su facilidad para el trabajo manual fue quizá, entre otros motivos, lo que le trajo hasta los salesianos de Pamplona. El ambiente de familia que se respiraba en el colegio y el hecho de que Teófilo sentía que se iba a encontrar feliz, hicieron que se decidiera a ir al noviciado de Sant Vicenç dels Horts para ser salesiano. Allí hizo su primera profesión el 16 de agosto de 1944; la perpetua, el 24 de julio de 1954, en Barcelona.
La etapa de formación específica, de manera especial en el arte de la madera, la realizó en la casa salesiana de Sarrià, donde tuvo el privilegio de tener como maestro de ebanistería al Sr. Mestre, creador de una verdadera escuela de artistas imagineros. De la época de Sarrià guardaba una antigua foto, enmarcada en un artístico marco, del coadjutor Sr. José Recasens Ribas, primer «maestro» salesiano español, condecorado con la Medalla del Trabajo.
En 1948 es destinado a Pamplona, de donde pasa (1951) a Huesca para regresar, a los dos años, a Pamplona. En 1959 es enviado a Sevilla, a la Universidad Laboral Pasado un año regresa a Pamplona (1960), donde vive su época más prolongada al frente del taller de carpintería, 35 años. El taller era su lugar natural de trabajo, de relación con las personas y también de su misión como salesiano.
Proyectaba y preparaba sus trabajos, a escala y a tamaño natural, para explicarlos a los alumnos: mesas, vitrinas, dormitorios, librerías, molduras y trabajos de talla. De esta manera, los alumnos se preparaban para presentarse a concursos de formación profesional, en los que llegaron a ser, algunos de ellos, campeones a nivel mundial y nacional de ebanistería. Algunos trabajos de la casa de Pamplona llevan su sello inconfundible.
Don Teófilo daba la imagen de lo que realmente era su manera de ser: una persona tranquila y paciente, con mucha sabiduría sobre la vida y que procuraba hacer bien todo lo que se relacionaba con su trabajo.
Parco en palabras, seguía con interés las conversaciones, aportando alguna sentencia, con cierto gracejo, que, en la convivencia comunitaria, facilitaba el sentido de familia. Mantuvo hasta el final de sus días buenas amistades, dejando en todos un grato recuerdo de sencillez y bondad.