Pedro Gil Hernández
Sacerdote (1931-1974)
Nacimiento: Valdealcón-Gradefes (León), 5 de mayo de 1931
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1953
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1961
Defunción: Madrid, 15 de diciembre de 1974
Nació en Valdealcón-Gradefes (León), donde su padre, don Balbino, ejercía de maestro nacional. Estudió bachillerato en el colegio de María Auxiliadora de Salamanca. Al terminar el tercer año de Medicina —con matrículas y sobresalientes— en la Universidad de Salamanca, opta por Don Bosco e ingresa en el noviciado de Mohernando, donde profesa el 16 de agosto de 1953.
Hizo algún año de filosofía, trienio en Guadalajara, y en 1954 fue como clérigo y personal fundador al colegio de Huérfanos de Ferroviarios en Madrid. Estudió teología en Carabanchel Alto y fue ordenado sacerdote por monseñor Juan Manuel Arbeláez, en la última ordenación que se celebró allí el 24 de junio de 1961.
Espíritu juvenil, deportista, apostólico sobre todo, capellán de los boy scouts, era el alma de paseos y excursiones; también cuando algún reducido grupo de salesianos se tomaba algunos días de descanso en la vecina sierra en inolvidables acampadas, don Pedro era entonces insustituible por su probada experiencia.
Desplegó su sacerdocio en los colegios de Salamanca-Pizarrales, Madrid-La Paloma y el aspirantado de coadjutores de Madrid-San Fernando. Los últimos seis años los pasó en la casa de Madrid-Paseo de Extremadura, siempre en la misma tónica de buen religioso y pedagogo dinámico. Tenía 40 años y se encontraba en plenitud de facultades y rendimiento, cuando en el verano de 1971 comenzó a sentir serias molestias. Los análisis médicos diagnosticaron cáncer de huesos. Su calvario duró tres años, en los cuales mostró su temple como persona, salesiano y sacerdote.
Con profunda fe cristiana, no descartaba la posibilidad del milagro. Se había encomendado, en este sentido, a don Rua el día mismo de su beatificación, encargándole al director: «Quiero, si curo, me recuerde Vd. siempre que he ofrecido al Señor consagrar toda mi vida a la juventud pobre en oratorios festivos».
Recibió en silla de ruedas, totalmente consciente, la unción de los enfermos, y dirigió a sus hermanos salesianos una homilía emotiva, sencilla y profunda. Murió en Madrid el 15 de diciembre de 1974, a los 43 años de edad.