Amadeo Burdeus Mingarro
Sacerdote (1902-1974)
Nacimiento: Burriana (Castellón), 16 de noviembre de 1902
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1920
Ordenación sacerdotal: Turín, 6 de julio de 1930
Defunción: Mataró, 22 de diciembre de 1974
Nació el 16 de noviembre de 1902, en Burriana (Castellón); fue niño precoz en la escuela municipal de su ciudad. Al morir su madre, entró interno en el colegio salesiano de Valencia (1912), siendo su director el padre Viñas. En 1915 llegó a El Campello para el aspirantado; en 1919 marchó a Carabanchel Alto para iniciar el noviciado, donde profesó el 25 de julio de 1920.
Hizo los dos años de filosofía también en Carabanchel (1920-1922), realizó el trienio práctico y el servicio militar en Mataró (1922-1925) y Sarrià (1925-1926), y los estudios teológicos en Turín (1926-1930), donde fue ordenado de sacerdote el 6 de julio de 1930. Mientras estudiaba teología, trabajó, por orden de don Pedro Ricaldone, prefecto general de la Congregación, en la redacción española del Boletín Salesiano, ayudando en su cargo a don Tomás Bordas.
Obtuvo la licenciatura en Historia en la Universidad de Barcelona con premio extraordinario. Estuvo en Alicante (1930-1931), donde fue testigo de la quema de nuestras escuelas. Trabajó en Rocafort y Mataró, antes y después de la Guerra Civil. Durante la misma, pudo vivir de su trabajo, dando clases en Barcelona, gracias a su licenciatura universitaria. Estuvo en los Hogares Mundet (1958-1970) y murió en Mataró el 22 de diciembre de 1974, de una insuficiencia cardíaca, sin dar ninguna molestia.
Era un salesiano y un sacerdote de cuerpo entero; sus palabras tenían siempre el sello de su talante delicado y noble. Su amor y fidelidad a Don Bosco y a la Congregación quedaron patentes en su trabajo incansable como maestro, como biógrafo y como vicepostulador de las causas de nuestros mártires.
Fue un enseñante prestigioso de historia, literatura y latín; los alumnos mayores le guardaban especial veneración, a pesar de su sordera, pues reconocían su nivel intelectual y su bondad. No dejaba ningún día de asistir al recreo del mediodía; los niños se le acercaban con verdadero afecto y él les hablaba de los santos salesianos. Conservaba todas las notas que había registrado a lo largo de los años; recordaba la vida y andanzas de todos sus alumnos. En muchas casas, los hijos y nietos de sus antiguos alumnos lo llamaban tío Amadeo. Les escribía con mucha frecuencia, dándoles sabias recomendaciones.
Era historiador por vocación; fue autor de Lauros y Palmas, donde se recogen las peripecias y martirios de tantos salesianos en la Guerra Civil; un libro equilibrado, sin extremismos y de fácil lectura. Era vicepostulador de la causa de beatificación de los mártires salesianos españoles y de doña Dorotea, a la que dedicó una estupenda biografía, Una dama Barcelonesa del 800.
Su estilo era pulcro, sobrio y ameno. Conocía perfectamente las obras de los autores clásicos españoles y los principales extranjeros. Poseía gran competencia en su trabajo, pero no tenía pretensiones ni ambicionaba cargos. Era todo corazón, amigo sincero, paciente, de trato muy distinguido, de caridad sacrificada y alegre, lleno de agudezas en la resolución de situaciones, con visión de fe.
Sacerdote lleno de virtudes, profesor competente hasta su muerte, biógrafo ágil, trabajador incansable, conversador ameno, mantenedor de nobles amistades, fiel y delicado en la correspondencia epistolar, su espíritu animoso se mantuvo joven y lleno de curiosidad hasta el final de sus días.