Juan Gil Pérez
Sacerdote (1917-1969)
Nacimiento: Vitoria-Gasteiz, 18 de agosto de 1917
Profesión religiosa: Mohernando, 14 de julio de 1935
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 15 de junio de 1946
Defunción: Salamanca, 26 de noviembre de 1969
Nació en Vitoria-Gasteiz, el 18 de agosto de 1917, dentro de una familia muy cristiana. Frecuentó de niño el colegio salesiano de Barakaldo, donde germinó su vocación salesiana. Comenzó su formación como aspirante en Madrid-Paseo de Extremadura (1930-1933), que completó al año siguiente en Carabanchel Alto. Hizo el noviciado en Mohernando, donde profesó el 14 de julio de 1935. Allí mismo comenzó los estudios de filosofía, que se vieron interrumpidos por el estallido de la Guerra Civil.
En los tres años de guerra, pasados en Madrid, sufrió la cárcel y la persecución, padeció hambre, vivió escondido y trabajó dando clases para ganarse el sustento. Terminada la guerra, regresó a Mohernando para finalizar los estudios filosóficos (1939-1940). Realizó el tirocinio en el colegio de María Auxiliadora de Salamanca (1940-1942) y marchó a Carabanchel Alto para afrontar con brillantez y ejemplaridad los estudios de teología (1942-1946), siendo ordenado por monseñor Leopoldo Eijo y Garay el 15 de junio de 1946.
Sus primeros trabajos sacerdotales los desempeñó como catequista de los filósofos en Mohernando (1946-1948) y en Madrid-San Fernando (1948-1950) como consejero. En 1950 es enviado a Italia a especializarse en Sagrada Escritura, primero en La Crocetta (Turín) (1950-1951) y, más tarde, en el Instituto Bíblico de Roma (1951-1954). De esta manera, entró a formar parte del claustro del teologado de Carabanchel Alto en octubre de 1954. Desde entonces, su vida y su cariño quedaron vinculados al estudiantado teológico, en Carabanchel y en Salamanca. Fue confesor (1954-1961), consejero (1961-1965) y nuevamente confesor (1965-1969), encargándose durante algún tiempo de los estudiantes salesianos que frecuentaban la universidad pontificia.
Humilde y sencillo, brillaba por su excepcional talento, científico y espiritual. Preparó libros de texto, tomó parte en congresos bíblicos y comenzó, incluso, a organizar un museo bíblico en el teologado. Poeta profano y religioso, amenizaba con gusto las veladas y preparaba cuadros dramáticos, como sus afamadas Estampas de la Pasión y de San Pablo. Laborioso, activo y sacrificado, de trato fino, delicado y atento. De personalidad docta y atrayente, fue siempre padre y consejero de vocaciones, orador sagrado elegante y arrollador, maestro de espiritualidad segura, predicador preferido. Con razón había escogido como lema de ordenación: Qui in me loquitur Christus (Cristo es quien habla en mí).
Desde febrero de 1967 empezó a manifestarse una ELA (esclerosis lateral amiotrófica), que le fue dejando paulatinamente paralítico y provocó su muerte el 26 de noviembre de 1969, cuando tenía 52 años de edad.