Joaquín González Llach
Sacerdote (1901-1979)
Nacimiento: Valencia, 2 de marzo de 1901
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1920
Ordenación sacerdotal: Madrid, 15 de marzo de 1929
Defunción: Elche, 29 de junio de 1979
Nació el 2 de marzo de 1901 en Valencia.
Alumno del colegio salesiano de Valencia-San Antonio, a sus 14 años decide ser salesiano y marcha al aspirantado de El Campello. Se traslada después a Madrid-Carabanchel Alto para el noviciado, donde emite su primera profesión el 25 de julio de 1920. Allí continúa con los estudios de filosofía. El trienio práctico lo realiza en Santander.
Después de los estudios teológicos en La Crocetta (Turín) —que debe interrumpir por motivos personales—, volverá de nuevo a Madrid, donde se ordenó de presbítero el 15 de marzo de 1929. Ya sacerdote, conocerá otros ambientes castellanos (Mohernando, Zamora, Astudillo), gallegos (Allariz, Vigo) y vascos (Azkoitia), para llegar al fin de su periplo salesiano a su tierra natal valenciana (Godelleta y Elche).
Don Joaquín, persona disponible y de carácter dúctil, obedeció y encajó en los más diversos cargos encomendados a su labor educativa y pastoral (párroco, director, padre maestro, catequista, ecónomo.
«Esta incesante tarea la llevó a cabo como sacerdote cabal, con su fe digna de admiración por su reciedumbre basada en principios inconmovibles y que teñía toda su actividad religiosa», según palabras del inspector de Valencia, don Joaquín Cardenal, pronunciadas en la homilía exequial.
Destacó también don Joaquín por la devoción a María Auxiliadora, puesta de relieve en la labor de culto y difusión llevada a cabo por la ADMA, que atendió con gran interés.
En los años sesenta y setenta soplaban los nuevos aires del Concilio Vaticano II y entraba en España una nueva forma de encarar la vida eclesial y la sociedad. Don Joaquín, aun fiel a los sólidos principios que guiaban su vida religiosa y sacerdotal, fue una persona que respetó tales cambios y novedades.
Fue un amante de la clase. Desde que comenzó su labor de enseñanza, resaltaba esta característica, hasta el extremo de que, el día de su ordenación, se celebró la ceremonia muy temprano para no ser impuntual a la clase.
Su estancia en Elche se convirtió en un atardecer, «con la luz más sabrosa de la tarde» (Rafael Alfaro). En 1978, aunque aquejado por problemas de salud, pudo celebrar sus Bodas de Oro sacerdotales en la ciudad de las palmeras. Le siguió después un crepúsculo en el que poco a poco se fue complicando su salud hasta que falleció en el colegio de Elche-San Rafael el 29 de junio de 1979, a los 78 años de edad.