Inarejos Ruiz, Adolfo

Adolfo Inarejos Ruiz

Coadjutor (1908-1989)

Nacimiento: Manzanares (Ciudad Real), 22 de enero de 1908
Profesión religiosa: San José del Valle, 14 de marzo de 1926
Defunción: Jerez de la Frontera, 30 de diciembre de 1989

Nació en Manzanares, vinícola villa manchega de Ciudad Real. Al morir sus padres siendo todavía niño, sus familiares, en el curso 1919-1920, lo envían interno a las escuelas profesionales salesianas de la Santísima Trinidad de Sevilla, donde aprende el oficio de encuadernador. Desde esta casa pasa al noviciado de San José del Valle, emitiendo la primera profesión en manos del rector mayor, don Felipe Rinaldi, el 14 de marzo de 1926.

El 13 de agosto de 1926 prosigue su labor como encuadernador en las escuelas San Bartolomé de Málaga, donde permanece hasta 1941. Allí le tocará sufrir la cárcel con otros religiosos, de ellos nueve mártires, en los primeros días de julio de 1936. Haciéndose pasar por un preso común, es trasladado el 26 de septiembre al barco-prisión. El 2 de octubre, por la intervención providencial de una cooperadora salesiana, pudo salir de aquella prisión. Tras algunas aventuras, logra enrolarse en un batallón de milicias hasta el final de la contienda.

Por estos años abandona su profesión de encuadernador para dedicarse a ser maestro y asistente en las clases de enseñanza primaria, sucesivamente en las casas de Córdoba, Écija, Rota, Málaga y de nuevo en Rota. Tras el quinquenio vivido en la Institución Sindical Virgen del Carmen de Puerto Real, vuelve a trabajar con los niños de enseñanza primaria en Arcos de la Frontera, hasta el cierre de la casa (1967).

De allí marcha provisionalmente al oratorio Padre Torres Silva de Jerez de la Frontera para pasar los últimos 22 años de vida encargado de la pequeña librería y de la portería del colegio.

Fue un hombre simpático, picaresco, que irradiaba alegría y optimismo salesiano, sobre todo entre sus niños de enseñanza primaria.

Su carácter alegre y simpatía arrolladora encajaron admirablemente en el oratorio Padre Silva y se ganó desde el principio el respeto y la estima de niños y adultos. También entre los antiguos alumnos, los Hogares Don Bosco, la Archicofradía de María Auxiliadora y padres de alumnos, se movía como pez en el agua.

Nos dejaba al terminar el año 1989, con 81 años de edad. El oratorio le dijo adiós entre lágrimas entonando las notas finales del himno a María Auxiliadora: «Y al dejar esta vida, llévame al cielo…».