Lorenzo Gómez, José

José Lorenzo Gómez

Sacerdote (1889-1970)

Nacimiento: Allariz (Orense), 16 de mayo de 1889
Profesión religiosa: Sarrià, 18 de septiembre de 1907
Ordenación sacerdotal: Gerona, 18 de septiembre de 1915
Defunción: Orense, 8 de octubre de 1970

Era natural de Allariz, villa noble y de gran abolengo histórico, en la que se había originado un gran conocimiento y admiración por san Juan Bosco y la obra salesiana. Nació el día 16 de mayo de 1889, de un ejemplar matrimonio, Agustín y Francisca. Huérfano de padre desde muy temprana edad, recibió de su madre una esmerada educación cristiana, fruto de la cual fue la gracia de la vocación salesiana suya y de dos hermanos más.

En 1902 ingresó como aspirante en la casa de Sarrià. En la misma casa hizo el noviciado y la primera profesión religiosa el 18 de septiembre de 1907. Allí mismo realizó el trienio práctico y los estudios de teología. La ordenación sacerdotal la recibió en Gerona, el 18 de septiembre de 1915.

Estrena su sacerdocio en la casa de Sarrià. Según testimonio de su paisano y maestro en Sarrià, don Luis Conde, se distinguió don José por su habilidad y buen hacer en el trato con los jóvenes sobre los cuales cobró gran ascendiente.

La entrega generosa al cumplimiento de sus deberes y los esfuerzos motivados por la escasez de personal, le produjeron una anemia cerebral que fue su cruz durante toda su vida sacerdotal, de la que no se recuperó.

Debido a esto, tuvo una vida itinerante y cambiante: Sarrià, Madrid, Béjar, Vigo, Orense, Tarancón, Estrecho (Madrid), La Coruña, Salamanca, Lóngora, León y Oviedo.

A primera vista don José Lorenzo se mostraba cohibido, silencioso, escaso de alegrías… Pero se apreciaba en él una gran bondad y delicadeza de trato. No ocupó cargos, pero sí fue ejemplar en el cumplimiento de sus deberes religiosos y sacerdotales, por más sacrificados que estos pudieran ser. Fue muy pródiga y extensa su labor ministerial.

Su perfil moral y religioso nos lo ofrece don Gregorio Crespo, director del colegio de Orense, en el que pasó don José los últimos ocho años de su vida:

«Usando una frase de nuestros autores dramáticos, podemos alabar en don José el haber sabido ocupar su butaca sin apetecer otra y sin temer que la suya le fuera disputada. Era una butaca sencilla, modesta, oculta, y, al mismo tiempo, digna como pocas, y ciertamente ocupada con ejemplaridad: el confesionario.

No tuvo dotes humanas espectaculares. No atronó los púlpitos y las cátedras, pero cuantos han pasado por sus manos han visto en él al sacerdote culto, asiduo lector de la mejor literatura ascética, diligente y actualizado en sus moniciones, oportuno siempre en la solución de los casos, edificante en disponibilidad, sereno ante las incomodidades, fervoroso en todo momento…

Ciertamente que pudo faltarle a la vida de nuestro hermano el brillo que prestan los altos cargos, las gestiones delicadas y la variedad de encomiendas, pero creo que pocos harán el viaje final tan avalados con la callada lección de su martirio oculto y desconocido.

El día 8 de octubre, con edificante fortaleza y piedad, entregó su alma a Dios».