Antonio Martín Martín
Coadjutor (1900-1981)
Nacimiento: Las Casas del Puerto de Villatoro (Ávila), 18 de enero de 1900
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 24 de julio de 1919
Defunción: Cabezo de Torres (Murcia), 11 de enero de 1981
Nació don Antonio en Las Casas del Puerto de Villatoro (Ávila) el día 18 de enero de 1900. Ingresó en el colegio de Carabanchel Alto y antes de terminar el curso pasó a Sarrià como alumno de mecánica. Al terminar el curso, volvió de nuevo a Carabanchel para comenzar el noviciado y profesar como salesiano coadjutor el día 24 de julio del año 1919.
«Salí para Cuba en 1920 —dejó escrito en su pequeña autobiografía—, y de allí para México en 1923.
Tres años después marché a Italia donde estuve cerca de cuatro años, en Foglizzo, al frente de la primera escuela profesional que fundó don Pedro Ricaldone para la formación de aspirantes coadjutores… Volví a España a primeros de diciembre de 1930. De Sarrià pude escapar a Pamplona donde pasé la guerra. Regresé a Sarrià donde estuve hasta que se fundó la casa de La Almunia. En 1969, por causa de una trombosis, fui a El Campello, y al poco tiempo vine a Cabezo de Torres».
Hemos oído decir muchas veces que vivimos entre santos y no nos percatamos de ello hasta que los perdemos. Esto es cierto en el caso de don Antonio. Toda su vida salesiana fue de una sencillez auténticamente franciscana, de una pobreza radical, casi hasta la exageración, de una obediencia sine glosa y de una pureza bosquiana. Tanto es así que quienes le conocieron a fondo no dudan en afirmar que se presentó ante el Señor con la estola de su inocencia bautismal. Su piedad sobresaliente, su amor a Cristo era total, ningún día dejó de rezar el rosario y cada noche se despedía rezando ante el sagrario.
Su trabajo, como en Don Bosco, fue difícil de igualar. Parece inexplicable cómo un hombre al que le faltaba un ojo y medio dedo pulgar de la mano derecha pudiera dirigir con tanta competencia y eficacia los talleres de mecánica. La comunidad le ofreció un diploma que ostentaba en su habitación «Al Campeón del trabajo», y lo fue en un grado difícil de igualar.
Hay que destacar también el cariño acendrado a su familia y a sus antiguos alumnos, a los que recordaba con sus nombres y apellidos.
Nos dejó escrito un modélico testamento en el que afirma haber vivido feliz como coadjutor salesiano, ayudando a miles de niños y de jóvenes, a promocionarse en su oficio de «mecánicos» y a ser a la vez buenos ciudadanos y católicos practicantes, que es lo que más vale… «Deseo que me pongan el rosario entre mis dedos yertos, pues por toda la eternidad me gustaría rezarlo a los pies de la Bienaventurada Virgen María Auxiliadora».
En el año 1969 y a causa de una trombosis, tuvo que ir a la casa de El Campello y de allí, bastante recuperado en su salud, volvió a la casa de Cabezo de Torres donde siguió trabajando y, como él mismo dejó escrito, «espero en la paz y en la caridad de mis hermanos, recibir la llamada del Señor», que le llegó el día 11 de enero de 1981, a la edad de 80 años.
Sus restos esperan la resurrección en el cementerio de Cabezo de Torres.