Ismael Mendizábal Unanue
Sacerdote (1929-2015)
Nacimiento: Azkoitia (Guipúzcoa), 26 de septiembre de 1929
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 27 de septiembre de 1945
Ordenación sacerdotal: Barcelona-Tibidabo, 27 de junio de 1954
Defunción: El Campello, 1 de noviembre de 2015
A las casas de Azkoitia, Alcoy y Astudillo se las conoce como las casas de las tres «A», por haber sido las tres cuna de numerosas vocaciones salesianas. En Azkoitia nació Ismael Mendizábal el 26 de septiembre de 1929. Sintió muy pronto la llamada del Señor y marchó al aspirantado de Huesca y de El Campello (1940-1944).
Hizo el noviciado en la casa de Sant Vicenç dels Horts, donde profesó el 27 de septiembre de 1945. Siguieron los años de filosofía en Gerona, el trienio práctico en Alcoy (1947-1950) y la teología en Martí-Codolar, al final de la cual recibió la ordenación presbiteral en el Tibidabo el 27 de junio de 1954. Su etapa formativa continuó durante dos años más en La Crocetta (Turín), donde se licenció en Pedagogía.
Su extensa labor pastoral comenzó en Valencia-San Antonio Abad durante tres años; luego fue director de los aspirantados de El Campello y de Sádaba, así como de los novicios y estudiantes de filosofía en Godelleta (1967-1970). Fue a continuación vicario inspectorial de don Antonio Mélida durante dos años, antes de ser nombrado inspector de la inspectoría San José de Valencia (1972-1978).
Durante los 25 cursos siguientes ejerció casi siempre el cargo de director: en Alicante-Don Bosco, Valencia-San Antonio Abad (estudiantes de teología) y Burriana. Y tras unos años tranquilos como profesor en Burriana, aceptó volver a desempeñar el servicio de director, en este caso de la obra de Cartagena (1989-1992).
Podemos decir que don Ismael no descansó mientras le respetaron las fuerzas. Terminada la etapa de las grandes responsabilidades, siguió ofreciendo sus servicios en diversas tareas. En 1992 trabajó en la elaboración de los índices temáticos de las Memorias Biográficas en la casa de Zaragoza; en Madrid formó parte del equipo de formadores del teologado de Madrid-Carabanchel Alto (1996-2000) y llevó la dirección de los cursos de formación en El Campello (2000-2005). Regresó para descansar a la comunidad de Burriana en 2005 y, ya enfermo, fue destinado en 2011 a la residencia de El Campello, donde permaneció hasta su fallecimiento, ocurrido el día de Todos los Santos de 2015. Había cumplido 86 años.
Sus principales responsabilidades y ocupaciones fueron siempre la formación inicial y permanente de los salesianos. Don Ismael respondió a la coyuntura histórica que le tocó vivir con grandes dosis de calidad humana, siempre atento, dialogante y firme en las incumbencias que le pedía la Congregación, pues uno de los rasgos de su rica personalidad fue el amor a Don Bosco, de cuya pedagogía y espiritualidad fue estudioso profundo, buen conocedor y excelente propagador en charlas, ejercicios espirituales, conferencias y escritos.
Sin duda su etapa más difícil fue el sexenio en el que le correspondió desempeñar el servicio de gobierno y animación de la inspectoría en unos años especialmente complejos: años de «una gran intensidad, pues el proceso de renovación, recién iniciado, llega ahora a su apogeo, sumergiendo a la inspectoría en un clima de reflexión y análisis, de contraste de ideas y de posturas, no exento a veces de tensión», como se afirma en el libro sobre la inspectoría de San José de Valencia, Cincuenta años de amor y servicio.
Don Ismael ejerció el servicio de la autoridad, como director y como inspector, con honestidad y no sin sufrimiento. Fue persona de recia personalidad, hombre de fe profunda y de gran preparación intelectual, trabajador incansable, auténtico y coherente, portador de paz y serenidad, ponderado y amigo de pocas palabras. Y, por encima de todo y como fundamento de su trayectoria, fue, como Don Bosco, siempre sacerdote, que supo ser, como decía santa Teresa de Jesús, amigo fuerte de Dios en tiempos recios. Recorrió el camino de la santidad al más puro estilo salesiano, con una vida de entrega a Dios sirviendo a los demás, con gran capacidad de acogida, exigencia, apertura y sencillez. Con un corazón grande.
Si en algún aspecto se salió de la normalidad fue en su amor a Don Bosco, de cuya vida y espíritu se convirtió en sus últimos años en gran divulgador. Sus conferencias y ejercicios espirituales en torno a la figura y obra del fundador eran fruto de su capacidad de estudio y de análisis de los temas salesianos. Hubo intención de recopilar ese abundante material para una posterior publicación, pero por desgracia se llegó tarde, pues don Ismael, ya enfermo en El Campello, lo había mandado destruir.
Fue sin duda uno de los padres de la nueva inspectoría, uno de los grandes de nuestra pequeña historia.