Gaspar Mestre Beltrán
Coadjutor (1888-1962)
Nacimiento: Forcall (Castellón), 9 de marzo de 1888
Profesión religiosa: Sarrià, 8 de septiembre de 1905
Defunción: Barcelona, 14 de enero de 1962
Nació el 9 de marzo de 1888, en Forcall (Castellón), pueblo cercado de montes, como toda la zona de Morella en que está enclavado. El 24 de mayo de 1900, con 12 años, ingresó como alumno interno en Sarrià (1900-1904). Muy pronto llamó la atención, porque era bueno, inteligente y un magnífico dibujante y tallista.
Inició el noviciado en la misma casa de Sarrià (1904-1905), culminándolo con la profesión religiosa el 8 de septiembre de 1905. Fue enviado a continuación por un año a El Campello, como profesor de dibujo, y volvió a Sarrià. Desde entonces, excepto los tres años de la Guerra Civil pasados en Gerona, no se moverá de esa casa (1939-1962), donde murió el 14 de enero de 1962, a los 73 años de edad.
El señor Mestre, profesor de artesanos en las escuelas salesianas de Sarrià, fue un artista excepcional de la madera y un genio artístico de fama internacional.
Al acabar la guerra, el colegio de Sarrià estaba deshecho y los talleres desmantelados. El señor Mestre, silenciosamente, pero con método y constancia, logró organizarse y establecer un verdadero conjunto de arte sacro: ebanistería, talla, escultura, vaciado, orfebrería, dorado y pintura. Realizó centenares de imágenes, sagrarios y altares, para colegios, parroquias y santuarios de España y América.
Obras suyas son, entre otras muchas, el salón del trono, dos vestíbulos de estilo barroco y renacimiento del palacio real de Barcelona-Pedralbes; el retablo de la iglesia del Santo Espíritu de Terrassa, hoy catedral; el altar de la parroquia de la Mare de Déu de Betlem de Barcelona, donde estuvo Don Bosco en su visita a Barcelona en el año 1886; los cinco altares de la cripta del Tibidabo y la transformación de las habitaciones de Don Bosco de Sarrià en una capilla artística plateresca.
Trabajador incansable, practicaba una pobreza heroica y, a pesar de que debía viajar muy a menudo por razón de su oficio, no tenía más que lo estrictamente indispensable. Fue un salesiano humilde y servicial. En su recia y elegante personalidad destacaba su puntualidad en todas las prácticas de piedad y sus largos ratos de rodillas ante el Santísimo. Fervoroso y observante, su piedad era sencilla y profunda.
Fue modelo de educador salesiano, un genio preclaro de una tierra valenciana de innumerables artistas, un hombre para gloria del pueblo que le vio nacer. Con razón los antiguos alumnos se empeñaron y lograron para él la Medalla del Trabajo, el 23 de diciembre de 1950.