Molina de la Torre, Miguel

Miguel Molina de la Torre

Sacerdote (1887-1936)

Nacimiento: Montilla (Córdoba), 17 de mayo de 1887
Profesión religiosa: Sevilla, 28 de septiembre de 1906
Ordenación sacerdotal: Jerez de la Frontera, 20 de septiembre de 1913
Defunción: Ronda, 28 de julio de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Benedicto XVI, el 28 de octubre de 2007

Nació el 17 de mayo de 1887 en Montilla (Córdoba) de una familia artesana humilde y cristiana. A sus 12 años se inscribe como el primer alumno de la recién fundada casa salesiana de Montilla (1899). Inicia sus estudios, pero pronto descubre su vocación sacerdotal y salesiana.

Ingresa como aspirante en Sevilla y prosigue en Carabanchel Alto el 17 de octubre de 1904. Al año siguiente inicia el noviciado, que corona con la profesión religiosa el 28 de septiembre de 1906 en Sevilla, donde después, durante dos años, alterna el estudio de filosofía con la enseñanza.

En Utrera (Sevilla) pasará de 1908 a 1917: el primer quinquenio alternando las prácticas pedagógicas con los estudios de teología, culminados con su ordenación sacerdotal el 20 de septiembre de 1913 en Jerez de la Frontera (Cádiz), y el siguiente trienio, como jefe de estudios, cargo que repite otros dos años en Córdoba. Ejerció de administrador en el colegio del Sagrado Corazón en Ronda (1919-1927) y en Sevilla, para, tras volver a Córdoba como catequista, recalar definitivamente en Ronda como administrador de 1933 a 1936.

Con el inicio de la sublevación el 18 de julio de 1936, empezaron los desórdenes en Ronda. El 21, registran el colegio con cierta seriedad. Pero el 23 realizan un segundo registro entre insultos, gritos, blasfemias, amenazas y empujones. A don Miguel, que era el más conocido, puesto en el patio, de cara al muro, simulan fusilarle.

El 24, desde las primeras horas, los milicianos rodean e invaden el colegio. A los salesianos los recluyen en la pequeña estancia del portero, mientras se dedican, de nuevo con la excusa de buscar armas, a saquear todas las instalaciones. Sobre las 13.00 horas, instan a los salesianos a hacer las maletas e irse a donde crean conveniente, porque el colegio ya no les pertenece.

Don Miguel se encamina a la pensión «Progreso», cuyo dueño era muy conocido y estaba relacionado con el colegio. A primeras horas de la mañana del martes 28, un piquete de milicianos se lo lleva junto con otros tres salesianos. Cuando los metieron en el vehículo, llamado «El Drácula» por su siniestra función, don Miguel susurró: «¡Jesús mío, ten piedad de mí!». Atados de dos en dos, fueron fusilados junto a las tapias del cementerio. Sus restos mortales fueron sepultados en la fosa común.

Don Miguel se distinguió siempre por su gran corazón y por sus extraordinarias dotes, que supo poner al servicio de su misión de educador y maestro. Era un elocuente orador, licenciado en filosofía y letras.