Hernández Medina, Juan Luis

Juan Luis Hernández Medina

Clérigo (1912-1936)

Nacimiento: Cerralbo (Salamanca), 19 de diciembre de 1912
Profesión religiosa: San José del Valle, 11 de septiembre de 1931
Defunción: Ronda, 28 de julio de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Benedicto XVI, el 28 de octubre de 2007

Nació el 19 de diciembre de 1912 en Cerralbo (Salamanca) de padres agricultores. En plena infancia, toda la familia se trasladó a Sobradillo (Salamanca).

A los 14 años, en septiembre de 1926, ingresó en el aspirantado de Cádiz, por el que pasaron tres de sus hermanos, dos mayores que él y uno menor, Matías (que llegó a ser sacerdote salesiano). Al año siguiente, pasó al aspirantado de Montilla y en septiembre de 1930 inició en San José del Valle el noviciado, que concluyó con la profesión temporal el 11 de septiembre de 1931. Allí mismo realizó a continuación el bienio de estudios filosóficos.

Las escuelas de Santa Teresa en Ronda serán su primer campo de acción salesiana. Su martirio llegó cuando estaba para terminar el trienio pedagógico y esperaba iniciar sus estudios teológicos.

Estallada la Guerra Civil en julio de 1936, el lunes día 27, se presentaron los milicianos para inspeccionar las escuelas. Tras encerrar a los salesianos, comenzó el saqueo y el pillaje. Los objetos de culto se amontonaron a la puerta de la capilla y los quemaron. A los salesianos los dispersaron. Juan Luis junto al sacerdote Pablo Caballero y el subdiácono Honorio Hernández, fueron llevados a la pensión «Progreso», con un guardia en la puerta.

A primeras horas de la mañana del martes 28, un piquete de milicianos se lo llevó junto con los otros dos salesianos del colegio de Santa Teresa y a Miguel Molina, administrador del otro colegio, que estaba en la pensión desde el día 24. Los metieron en el vehículo y, sin pasar por ningún comité, atados de dos en dos, fueron fusilados junto a las tapias del cementerio. Sus restos mortales fueron sepultados en una fosa común.

De carácter noble, jovial y serio a un tiempo, obediente, humilde y sencillo, Juan Luis estaba siempre dispuesto a complacer a todos, pues no sabía decir «no» a nadie que viniera a pedirle algún favor. Sus alumnos lo apreciaban mucho.