Ramón Mongay Martimpé
Sacerdote (1913-1992)
Nacimiento: Sarroca de Bellera (Lérida), 20 de noviembre de 1913
Profesión religiosa: Gerona, 31 de julio de 1934
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1945
Defunción: Martí-Codolar, 31 de agosto de 1992
Nació el 20 de noviembre de 1913 en Sarroca de Bellera (Lérida). En septiembre de 1927 ingresó como alumno en Sarrià; allí decidió ser salesiano, a pesar de la dura oposición de su familia.
Hizo el aspirantado en El Campello (1929-1930) y Sant Vicenç dels Horts (1930-1933), el noviciado en Gerona, donde profesó el 31 de julio de 1934 y donde inició los estudios de filosofía, que acabaron dolorosamente con la Guerra Civil. Ramón pudo pasar la frontera francesa y trabajó en el colegio salesiano de La Navarre (Francia) (1936-1937).
Vuelto a España, hizo el servicio militar como sanitario, en Burgos, Santander, Zaragoza y Salamanca. Terminada la contienda, realizó el tirocinio práctico en Sarrià (1939-1941) y después marchó al teologado de Carabanchel (1941-1945), donde fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1945.
Desempeñó los servicios de consejero, catequista o confesor en las casas de Valencia-San Antonio, Valencia-San Juan Bosco, Huesca-San Bernardo, El Campello, Barcelona-Parroquia de las Navas, Monzón, Arbós, Gerona, Hogares Mundet, Tarrasa y Tibidabo.
Retirado a la residencia Nuestra Señora de la Merced de Martí-Codolar, falleció el día 31 de agosto de 1992, a los 78 años de edad.
Era hombre de pocas palabras, respetuoso, delicado y fiel a todo lo que le encomendaban los superiores.
Su débil salud y su timidez fueron un obstáculo que no pudo superar en su contacto con las personas, especialmente con los alumnos, por lo que durante muchos años su vida se redujo a su participación en los actos comunitarios y al perfeccionamiento de su francés e inglés.
Así, vivió 14 años retirado en los Hogares Mundet y 17 en el Tibidabo, donde ya anteriormente solía pasar los meses de verano. Hasta dos años antes de morir, celebraba la misa diariamente en una capilla apartada.
Sus apuntes espirituales dan fe de su oración insistente al Señor en medio de su enfermedad, en la que hacía suyas las intenciones de la Iglesia y de la Congregación, especialmente la preocupación por las vocaciones. También dan fe de su preparación a la muerte y de su petición de perdón a todos los hermanos. El clima de oración en que vivía se confirmaba con su fidelidad al rezo del breviario y a las horas que tenía encomendadas delante del Santísimo.