Ibáñez García, Santiago

Santiago Ibáñez García

Sacerdote (1923-1992)

Nacimiento: Valoria del Alcor (Palencia), 25 de julio de 1923
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1941
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 3 de julio de 1949
Defunción: Madrid, 26 de agosto de 1992

Nació en el año 1923, en Valoria del Alcor (Palencia), en una familia numerosa y cristiana que entregó a la Congregación Salesiana a dos de sus hijos, Cipriano y Santiago. Siempre se mantuvo muy unido a ella, la frecuentó y ayudó cuanto le fue posible y no disimuló nunca su admiración y su afecto por sus hermanos y parientes.

Hizo el aspirantado en Astudillo y el noviciado en Mohernando. El trienio discurrió entre Astudillo y Santander. Estudió teología en Carabanchel Alto, donde se ordenaría en 1949. Novel sacerdote, fue destinado como consejero a Madrid-Atocha. Comenzaba su relación con esta casa, en la que habría de pasar tantos años.

Fue director sucesivamente de las casas de Puertollano, Arévalo y Atocha. A continuación fue nombrado inspector de León en los años cruciales del postconcilio y del Capítulo General Especial. Fueron seis años duros por la continua hemorragia de vocaciones y el desconcierto en las conciencias. Seis años largos y penosos, como los que preceden a un alumbramiento.

Regresó de nuevo a la inspectoría de Madrid como vicario y, más tarde, como director del teologado de Salamanca. De allí pasó a Fuenlabrada en los albores de su fundación como parroquia, estrechamente ligada al desarrollo de ese barrio popular. Por último, fue nombrado párroco de su querido santuario de María Auxiliadora de Atocha.

Era un hombre abierto y acogedor, en el que se podía confiar; un salesiano íntegro y un sacerdote celoso y entregado a su ministerio. Un salesiano todoterreno: valía y se prestaba para todo. Los superiores contaron con él para las diversas encomiendas, más que por su capacidad, que no le faltaba, por su disponibilidad y su aguante. Fue consejero y jefe de disciplina, cuando era espartana y estricta; fue director de casa grande y complicada; inspector, vicario, párroco, asistente espiritual de las Voluntarias, consiliario de las ADMA.

Hablaba mucho, sentía lo que decía y por eso hablaba fuerte y alto. Se le presentaba como el hijo del trueno y en el fondo, le halagaba el sobrenombre. Entre el Santiago de caballo peleador y el Santiago peregrino, de esportilla y bordón, las apariencias podían ser del primero, pero en realidad era del segundo.

Don Santiago fue un hombre entusiasmado con su vocación salesiana, sin malicia ni doblez, alegre y animador de la comunidad, entregado a su trabajo pastoral, entusiasta devoto de la Virgen.

Celebrando ejercicios espirituales en Mohernando, sufrió una congestión cerebral, que le produciría la muerte, días más tarde, en Madrid. Falleció el 26 de agosto de 1992, a los 69 años de edad.