Pinos Sevillano, Tirso

Tirso Pinos Sevillano

Sacerdote (1953-1995)

Nacimiento: Villoria de Órbigo (León), 6 de enero de 1953
Profesión religiosa: Godelleta, 16 de agosto de 1971
Ordenación sacerdotal: Martí-Codolar, 25 de abril de 1981
Defunción: Barcelona, 5 de octubre de 1995

Nació en Villoria de Órbigo (León) el 6 de enero de 1953, último de los cuatro hijos de Agustín y Hortensia. Su padre era organista en la parroquia y su primera escuela fue el parvulario que tenían las religiosas premostratenses en su monasterio de Villoria.

Invitado por don Antonio Cabello, salesiano leonés residente en la inspectoría de Barcelona, partió para Sant Vicenç dels Horts. Aquí comenzó su aspirantado, que terminó en Gerona. En Godelleta hizo el noviciado y su primera profesión el 16 de agosto de 1971. Pasó después a Sentmenat para los estudios de filosofía (1971-1974). Fue luego a Huesca (1974-1978), donde cursó los estudios de magisterio mientras trabajaba en nuestro colegio de San Bernardo y luego en la Residencia Provincial de Niños. Partió a continuación a Martí-Codolar para los estudios de teología y el 25 de abril de 1981 recibía la ordenación sacerdotal.

Fue enviado posteriormente a la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, donde obtuvo el título de licenciado en Filosofía. Regresó a Martí-Codolar como profesor de Filosofía (1983-1987), bibliotecario y colaborador del centro juvenil.

En 1987 es enviado a la casa de Sant Jordi de Horta, de la que fue nombrado director en 1992. Pletórico de entusiasmo y de capacidad, desplegó toda una intensa actividad pastoral: imparte clases de filosofía en Martí-Codolar y en el colegio de Horta, atiende a la formación de los jóvenes salesianos en su comunidad, predica ejercicios en verano a salesianos y salesianas, organiza cursos estivales para monitores, se hace cargo de la coordinación de los Centros Don Bosco de Cataluña y de la asociación de padres de familia del colegio de las religiosas de la Inmaculada de Horta.

Salesiano inteligente y trabajador, responsable y creativo, fue sin embargo en sus últimos dos años y medio de vida donde su testimonio se hizo más sólido, al tener que atravesar la barrera del dolor y del desconcierto de la enfermedad.

El 24 de mayo de 1993 le detectaron un cáncer que vino a truncar su prometedor futuro y a sumergirle en el mundo misterioso de la cruz y de la fe ciega en Dios.

Con confiada fe, asumió Tirso el silencio de Dios sobre su enfermedad. Escribía a don Ricardo Arias, joven inspector de Bilbao, aquejado de la misma enfermedad: «Cierta escritura de Dios cuesta mucho de leer. Pero sé que la voluntad y el proyecto del Padre sobre mí son mejor y más alucinantes que todo lo que pueda soñar… Hay momentos muy duros. La cruz cobra una fuerza inaudita y un realismo escalofriante… Parece que te va a aplastar. Es entonces cuando, desde la fe, descubres que la cruz tritura si la quiere llevar uno solo, pero te das cuenta de que al otro lado del travesaño está Él llevándola contigo. Y Él tiene mucha experiencia en llevar sobre sí todo el dolor humano».

Su vida joven pasó a la casa del Padre a los 42 años, en Barcelona, el 5 de octubre de 1995.