Revilla Roselló, Urbano

Urbano Revilla Roselló

Coadjutor (1895-1975)

Nacimiento: Arévalo, 3 de agosto de 1895
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 28 de julio de 1914
Defunción: Sarrià, 6 de agosto de 1975

Nació el 3 de agosto de 1895 en Arévalo (Ávila), pero apenas tenía 3 años cuando su familia se trasladó a Barcelona. Aquí creció y se formó hasta sentirse «catalán de Ávila».

Entró en contacto con los salesianos en las escuelas de Sarrià y en ellas pasó toda su vida, excepción hecha del noviciado que pasó en Carabanchel Alto, donde profesó como coadjutor el 28 de julio de 1914.

Como tantos salesianos de entonces, fue un auténtico autodidacta y a su tesón hay que atribuir la diversificada cultura técnica y preparación profesional que llegó a poseer en encuadernación, instalaciones eléctricas, radiofonía (adaptó el sonoro a la máquina de cine de Sarrià, un equipo sonoro pionero en la ciudad de Barcelona) y electromecánica (inauguró en 1941 la sección de electromecánica). Fue un gran experto sin título oficial, una persona polifacética dedicada a actividades, como combinaciones luminotécnicas y efectos varios para el teatro, arreglo de máquinas en los talleres y puesta a punto de aparatos domésticos. Finalmente fue la fotografía donde se refugiaría, cuando los años y la salud le impidieron mantener un ritmo normal de trabajo.

El señor Revilla era una persona sencilla, servicial y de contagiosa alegría, amante del teatro, fiel intérprete de personajes cómico-grotescos de las obras de la Galería Salesiana, como Es mi hombre, El Verdugo de Sevilla, etc.

Tanta y tan pluriforme actividad cargada de sacrificio y generosidad solo podía tener origen en un corazón de profunda piedad. La había aprendido, decía, de don Rinaldi, a quien recordaba con verdadero afecto.

Una fuerte arteriosclerosis fue minando su organismo hasta tener verse retirado en la enfermería durante tres años. Fue extinguiéndose paulatinamente hasta fallecer el día 6 de agosto de 1975, a los 80 años de edad. Sus restos descansan en el panteón salesiano del cementerio de Sarrià, junto con los de otros beneméritos hermanos que trabajaron con acierto y entusiasmo y se sentían bien entre los jóvenes, como hijos de Don Bosco.