García de Vinuesa Román, Antonio

Antonio García de Vinuesa Román

Sacerdote (1899-1975)

Nacimiento: Marmolejo (Jaén), 11 de noviembre de 1899
Profesión religiosa: El Campello, 25 de julio de 1921
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 14 de junio de 1930
Defunción: Madrid, 6 de agosto de 1975

Era natural de Marmolejo (Jaén). Con pocos años, murió su padre, dejando a su madre, de 33 años, al cuidado de 10 hijos. En un ambiente muy cristiano, de trabajo y sencillez, surgirá la vocación salesiana de Antonio.

Comienza con 17 años en Carabanchel Alto su aspirantado, que se verá obligado a interrumpir debido a una pulmonía. La recuperación en casa fue muy lenta. Recuperado, varios familiares le buscaron trabajo, pero les respondió categóricamente que quería ser salesiano para siempre. Termina de esta manera el aspirantado en El Campello y profesa allí como salesiano el 25 de julio de 1921. Realiza los estudios de filosofía en Carabanchel Alto (1921-1923) y el tirocinio en Madrid-Atocha. Cursa los estudios teológicos entre El Campello, Salamanca y Carabanchel Alto, donde es ordenado sacerdote por monseñor Eijo y Garay el 14 de junio de 1930.

Su primer destino como sacerdote fue el colegio de María Auxiliadora de Salamanca, donde desempeñó el cargo de prefecto. De 1933 a 1936 es director en La Coruña. La Guerra Civil le sorprende como prefecto del colegio de Madrid-Estrecho. Sufre vejaciones y golpes que le harán perder un oído.

Terminada la guerra, se le nombra director de Estrecho y seguirá como consejero y encargado de la iglesia hasta 1951, en que es destinado como director a Mohernando. Terminado su directorado, pasará por las casas de Estrecho, Guadalajara, Atocha, Puertollano y aspirantado de Madrid-San Fernando como confesor y, también en algunos casos, como encargado de la Archicofradía de María Auxiliadora. En 1971 se le destinó como confesor al colegio de Huérfanos de Ferroviarios de Madrid, donde falleció el 6 de agosto de 1975 a causa de una trombosis pulmonar súbita, a los 75 años de edad.

Su fina sensibilidad, delicadeza y trato exquisito hicieron de él un afamado confesor y director espiritual.