Pedro Ricaldone
Sacerdote (1870-1951)
Nacimiento: Mirabello-Alessandria (Italia), 27 de julio de 1870
Profesión religiosa: Turín, 23 de agosto de 1890
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 27 de mayo de 1893
Defunción: Turín, 25 de noviembre de 1951
Don Pedro Ricaldone es a la vez una de las personalidades más sobresalientes de la Congregación Salesiana y una de las personas que más ha influido en la implantación del carisma salesiano en España, especialmente en Andalucía, adonde llegó siendo joven clérigo y permaneció hasta que en 1911 fue llamado a formar parte del consejo superior. Como en el caso de don Felipe Rinaldi, no es este el lugar para hacer, ni siquiera en resumen, una biografía de una persona tan rica y tan decisiva en la historia de la Congregación Salesiana. Nos basta el recuerdo de su feliz y eficaz estancia en España, donde se forjó en buena parte su gran personalidad.
Don Pedro, como sencilla y simplemente se le conocía en Andalucía, tuvo la suerte de conocer y oír a Don Bosco ya en los últimos años de su vida. Después de estudiar en el seminario diocesano de Casale Monferrato, decidió entrar a formar parte de la Congregación Salesiana. Hizo el aspirantado y el noviciado en el seminario de las misiones extranjeras de Turín-Valsálice, teniendo como compañeros al beato Augusto Czartorysky y al siervo de Dios don Andrés Beltrami.
Profesó el 23 de agosto de 1890 y pocos días después fue enviado a España, donde durante 20 años llevó a cabo una amplia gama de iniciativas, que marcaron hondamente la marcha de la Congregación en toda España y dejando un recuerdo de sí y de algunas de sus actividades que dura hasta hoy. Siendo todavía clérigo comenzó junto con un sacerdote salesiano la transformación del barrio de la Trinidad, en el que campaban a sus anchas bandas organizadas de jóvenes vagabundos, ganándoselos de tal modo que su nombre, don Pedro, estaba en boca de todos. Ordenado sacerdote, organizó allí el oratorio festivo, que poco a poco se convirtió en la gran obra de La Trinidad, extraordinario centro de educación salesiana con escuelas elementales, bachillerato y escuelas profesionales. En 1901 fue nombrado inspector de la nueva inspectoría bética, a la que dio un gran impulso. Digna de atención es la Biblioteca Solariana, promovida por él para difundir el sistema Solari, como práctica moderna de agricultura. En pocos años se editaron 140 volúmenes, algunos de los cuales se extendieron por toda América. Los superiores lo nombraron visitador de las casas y misiones de América.
En 1911 fue llamado a formar parte del consejo superior, como consejero general de las escuelas profesionales y agrícolas. En 1922 fue elegido prefecto general y a la muerte de don Rinaldi en 1932, fue elegido Rector Mayor, cargo que ocupó hasta su muerte el 25 de noviembre de 1951. La inmensa labor que en múltiples sectores llevó a cabo durante sus largos años de Rector Mayor forma parte de la más brillante historia de la Congregación.