Rivas Cacho, Esteban

Esteban Rivas Cacho

Sacerdote (1922-1974)

Nacimiento: Liaño (Cantabria), 21 de marzo de 1922
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de diciembre de 1943
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1951
Defunción: Santurce (Puerto Rico), 27 de febrero de 1974

Aunque nacido en Cantabria, ingresó por primera vez en el colegio salesiano de Salamanca en el año 1940 donde estudió todo el bachillerato. Después de hacer un año de universidad decidió hacerse salesiano y fue admitido en el noviciado de Mohernando en el año 1942. El día 16 de diciembre de 1943 se consagró a Dios, consagración que fue definitiva el 28 de junio de 1950 con la profesión perpetua en Carabanchel.

Estudió filosofía en Mohernando y después fue enviado a Salamanca para hacer el tirocinio práctico. Hizo los estudios de teología en Madrid y recibió la ordenación sacerdotal el 24 de junio de 1951. Ordenado sacerdote, frecuentó las universidades en Salamanca y Madrid, alcanzando la licenciatura en Pedagogía. En 1956 fue enviado a la casa de Zamora como catequista. En 1958 la obediencia le confió la responsabilidad de director de la casa de León. Al dividirse, en 1961, las inspectorías de Madrid y Bilbao, fue enviado como director a la casa de Santander y, al mismo tiempo, elegido miembro del consejo inspectorial. Duró en su cargo de director de Santander hasta el año 1967, año en que pasó a ocupar el cargo de director de la Ciudad Laboral de Errenteria.

En el año 1969 pidió ir a trabajar a la inspectoría de las Antillas, donde en 1970 fue elegido director del aspirantado de Aibonito. Al terminar el primer trienio, en agosto de 1973 fue enviado como director de la comunidad de calle Lutz, donde falleció, por un derrame cerebral.

Se distinguió como una persona culta, educada, trabajadora, responsable y como sacerdote apostólico. Como director supo poner a disposición de la comunidad sus talentos y su entusiasmo.

El señor cardenal de San Juan, monseñor Luis Aponte Martínez, que presidió su funeral, acompañado por numerosos sacerdotes salesianos y de la diócesis, tuvo palabras de gran estima y aprecio hacia don Esteban.

El señor inspector, por su parte, dejó escrito:

«Como sacerdote y salesiano, el padre Esteban Rivas dejó entre nosotros un admirable ejemplo que ojalá sepamos imitar. Ejemplo de obediencia, de delicadeza y al mismo tiempo preocupación para que en el centro juvenil salesiano, reinara la seriedad y la gracia de Dios. Ejemplo de pobreza: se presentaba siempre “pulcro”, sin embargo, cuando el día después de su muerte visité su habitación, noté la absoluta ausencia de todo: unas pocas prendas y unos cuantos libros».

Y continúa escribiendo su señor inspector: «El derrame cerebral lo detuvo en la puerta de su habitación cuando se dirigía a celebrar la santa misa. Murió en la brecha. Estamos seguros de que la Auxiliadora y Don Bosco, a quienes tanto amó en vida, le estaban esperando y al cerrar la puerta de su habitación; mudo testigo de vida sencilla y pobre, le abrieron las puertas del premio preparado por Dios Padre para el siervo fiel».