Rodríguez Bejarano, José Antonio

José Antonio Rodríguez Bejarano

Sacerdote (1954-1995)

Nacimiento: Almonte (Huelva), 22 de noviembre de 1954
Profesión religiosa: Sanlúcar la Mayor, 16 de septiembre de 1974
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 21 de mayo de 1983
Defunción: Sevilla, 7 de noviembre de 1995

José Antonio nace en la villa onubense de Almonte, sede del santuario de la Virgen del Rocío. Tras hacer los estudios elementales en el internado de las Hijas de la Caridad de Ayamonte, pasa a la Universidad Laboral de Sevilla, entonces dirigida por los salesianos. A sus 19 años en Sanlúcar la Mayor hace el noviciado, concluido con la profesión temporal, y allí mismo simultanea los estudios de magisterio con el bienio de prácticas, como asistente de novicios o de aspirantes.

Cuando se pone en marcha el Proyecto África, es enviado a Tierra Santa para estudiar teología, que completa en Sevilla. Ordenado sacerdote el 21 de mayo de 1983, el 26 de agosto hacía realidad su sueño misionero.

Lomé fue su primer destino africano, como encargado del oratorio-centro juvenil. Nacieron la JOC, los scouts, ADS y la escuela de catequistas.

El 30 de septiembre de 1985 aterrizaba en Kara, para fundar una nueva presencia salesiana que, poco a poco, logrará crear el gran Centro Don Bosco con 15 talleres y un internado para 300 jóvenes, donde se llevaba a cabo una enorme labor oratoriana con actividades catequéticas, teatrales, musicales y deportivas. El 24 de mayo de 1994, un año antes de su muerte, José Antonio lograba la inauguración oficial del Centro Don Bosco, a la que asistieron las autoridades civiles y eclesiásticas de la región y más de 2.000 personas.

Dios dotó a José Antonio de una rica personalidad humana, con clarividencia de ideas, iniciativas y proyectos, creatividad de apóstol salesiano, energía y entusiasmo de realización, libertad de espíritu y talante, que él puso al servicio de los muchachos de Kara.

Solía repetir: «No hay más remedio que ser Bosco en Kara», su tierra de adopción, donde plasmó el ideal misionero, que de tal modo lo conquistó que, en 12 años de entrega total, desgastó su recia salud, deshecha por persistentes fiebres palúdicas, que le ocasionaron una nefritis tan aguda que, por tres veces, requirió el traslado a Madrid, la última a Sevilla, donde llegó prácticamente muerto. Él era consciente de su enfermedad: los riñones decidieron pararse. Falleció en Sevilla el 7 de noviembre de 1995, a los 40 años de edad.

En sus funerales estuvieron presente en espíritu todo el Togo salesiano, cuyos jóvenes, a ritmo de danza del fuego, reconocían: «El fuego de esperanza que ardía en el corazón del padre Antonio es el fuego que ha encendido nuestros corazones».

Dirá de él el obispo de Sokodé: «El padre José Antonio era un creyente que impregnaba con su fe todo lo que emprendía. Un creyente… capaz de reconocer al Hijo del Hombre, de reconocerlo en todo hombre y sobre todo en el débil, en el pobre… Diariamente José Antonio vivía en la presencia de Dios y bebía de Dios la fuerza para servir a sus hermanos los hombres y para preparar su eternidad».

«Mártir de la caridad pastoral», preciosa definición, dada por el consejero regional, don Antonio Rodríguez Tallón, de una joven vida que se gastó en el «acompañamiento», siempre disponible e incansable, vigilante y acogedor, amoroso y responsable.