Rodríguez Corral, Pedro

Pedro Rodríguez Corral

Sacerdote (1901-1989)

Nacimiento: Reocín de los Molinos (Santander), 18 de noviembre de 1901
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1924
Ordenación sacerdotal: Madrid, 29 de junio de 1930
Defunción: Vigo, 21 de enero de 1989

Después de cuatro años de aspirantado en Madrid-Carabanchel Alto y El Campello, hizo el noviciado en Madrid-Carabanchel Alto que terminó con la profesión religiosa el 25 de julio de 1924. Allí mismo realizó los tres años de estudios filosóficos. El trienio práctico lo hizo en Atocha y Carabanchel. Estudió teología la estudió parte en El Campello y parte en Madrid, donde fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1930. Durante sus estudios eclesiásticos hizo también el bachillerato y sacó la carrera de Magisterio.

Como sacerdote, comenzó siendo maestro y asistente en Carabanchel y consejero escolástico en La Coruña y Santander, donde lo sorprendió la guerra. Expulsado del colegio, se ganó la vida impartiendo clases particulares.

El 1939-1940 lo encontramos en la casa de Deusto-Bilbao, pasa después a Mohernando como administrador, haciendo lo que se podía por sacar adelante a chicos y a salesianos, en un período especialmente difícil de escasez y de hambre. Es nombrado después director y párroco de las escuelas populares de la parroquia del Sagrado Corazón en Vigo. Allí puso de manifiesto su celo sacerdotal en una populosa barriada, sobre todo, en medio de los niños. De Vigo pasó a ser director del aspirantado de Cambados durante seis años.

Después de Cambados la andadura por los campos de la Congregación es larga y variada: Béjar (1953-1954) de confesor; Lóngora (1954-1958) de director de esta casa-granja; confesor en las casas de León-Huérfanos de Ferroviarios, León-Fontana, Medina del Campo, Cambados y Vigo. Fueron muchos años de trabajo, ilusión y de buen hacer sacerdotal que culminan con el período de 1967-1981 como rector y confesor de la iglesia de María Auxiliadora en la universidad laboral (hasta 1980).

Propagó la devoción a María Auxiliadora de manera constante y eficaz. Su labor en el confesionario era muy apreciada por clero y fieles. Prueba de su buen hacer fue el acontecimiento de sus Bodas de Oro Sacerdotales que celebró en Zamora el 29 de junio de 1980, de las que se hizo eco la prensa local:

«Nunca estuvo en el candelero, pero siempre fue una vela encendida que iluminó a muchos hasta que mansamente se apagó…». Don Pedrito, como se le conocía con cariño por su pequeña estatura, supo ganarse el afecto de todos con su saber estar, como el mayor de todos, sin molestar, discretamente, dándonos su sabiduría, poco a poco, todos los días.

Entre las frases célebres de don Pedro, cabe distinguir la que repetía con insistencia los últimos años de su vida: agradecer es merecer. Su vida se puede resumir en esa expresión constante de agradecimiento; agradecimiento por todos los acontecimientos de su vida y a todas las personas con las que convivió. En cuantas presencias vivió a todas regaló el encanto de su hacer, su buen humor, su humanidad, y su ejemplo impagable de salesianidad, piedad y santidad.

Al final se fue como había vivido siempre, sin molestar. Él, que se gloriaba de no haber estado nunca enfermo, se puso mal un viernes y al viernes siguiente dijo adiós a esta vida. Dos fines de semana, para no entorpecer en nada el trabajo normal del colegio. Murió en Vigo, el 21 de enero de 1989, a los 87 años de edad.