Absalón Cuevas Guerra
Coadjutor (1905-1989)
Nacimiento: Lantadilla (Palencia), 2 de julio de 1905
Profesión religiosa: Sarrià, 16 de julio de 1925
Defunción: Albacete, 23 de enero de 1989
Nació el 2 de julio de 1905, en Lantadilla (Palencia). Fueron sus padres Pedro y Hermógenes, un típico matrimonio castellano-viejo, profundamente cristiano. Absalón recordaba a su padre como hombre bueno, generoso, listo, sensato, pero de pocas palabras. Cuando se despidió de su hijo que marchaba a los salesianos de Salamanca, le dijo: «Puedes ir a los salesianos; pero no regreses a casa, como han hecho otros». Y a la hora de morir, lo llamó y le dijo, señalando una capillita de María Auxiliadora: «Ya la puedes mandar a la vecina que le toca. Le hace a ella más falta que a mí. Yo ya he visto la Mayor. ¡Qué hermosa!».
Absalón inició su formación salesiana en Salamanca y El Campello. Al no poder continuar sus estudios a causa de unos fuertes dolores de cabeza, marchó a Barcelona-Sarrià como alumno de mecánica y luego de sastrería.
Comenzó el noviciado en Sarrià y allí profesó como salesiano coadjutor el 16 de julio de 1925. Sus primeros años de salesiano los alternó entre Sarrià y Gerona, pero fue en Sarrià donde permaneció varios años atendiendo, además de a su oficio, al oratorio festivo de Badalona, tomando parte en las representaciones teatrales. En este tiempo ejerció también como atento enfermero y recordará con orgullo cómo le tocó cuidar a don Marcelino Olaechea, que después sería obispo de Pamplona y arzobispo de Valencia.
En 1946 fue destinado a Valencia-Calle Sagunto. Tras unos años en Burriana e Ibi, pasará a Cuenca, una de las casas que más huella dejó en su vida. En 1965 fue requerido para formar parte de la comunidad del palacio arzobispal que acompañaba a don Marcelino Olaechea en Valencia. Escribe en su diario: «19 de agosto de 1965, día primero de “PALACIO”. Todo va bien… Don José Lasaga está empeñado en que cuide de las plantas… Lo siento, pero no es para mí. ALMAS Y MÁS ALMAS… La vida para los hermanos, no para las plantas». Con el visto bueno del arzobispo, volverá de nuevo a Cuenca. «Solo el pensar en los chicos era mi consuelo… Quiero y prefiero el pan de Don Bosco», concluye en su diario.
De Cuenca pasa a Albacete, primero al colegio y después a la parroquia de San Pablo, donde falleció el 23 de enero de 1989, a los 83 años de edad, aquejado de un fuerte resfriado causado seguramente por los fríos invernales de la meseta que le afectaron mientras asistía a los niños en la sala de juegos.
Don Absalón o don Absa, como familiarmente se le llamaba, era un salesiano sencillo y bueno. Los testimonios sobre su persona lo definen como alegre y delicado en el trato, piadoso, obediente a los superiores, gran propagandista de María Auxiliadora, presente siempre que podía entre los muchachos en el patio, en la sala de juegos, en excursiones y acampadas que organizaba, incluso a sus 80 años. Amante de la vida comunitaria, agradecía cuando los hermanos le obsequiaban con sus pequeños vicios del café, degustación de callos, etc.
Había pedido ser enterrado en su pueblo y en Lantadilla (Palencia) reposan sus restos mortales, junto a los de sus padres.