Rodríguez Fernández, Miguel

Miguel Rodríguez Fernández

Sacerdote (1909-1973)

Nacimiento: Barruecopardo (Salamanca), 3 de marzo de 1909
Profesión religiosa: San José del Valle, 12 de septiembre de 1926
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 21 de mayo de 1936
Defunción: Algeciras, 29 de noviembre de 1973

Nace en el pueblo salmantino de Barruecopardo el 3 de marzo de 1909, de una cristiana familia. Sus familiares, Antonio y Julián Prieto, ambos también sacerdotes salesianos, murieron antes que él.

Entre los años 1921-1925 hace el aspirantado en Cádiz. En San José del Valle hace el noviciado, que cierra el 12 de septiembre de 1926 con la profesión temporal, y a continuación los estudios de filosofía. En 1928 inicia el trienio de prácticas en las casas de Ronda y Montilla, pasando como maestro a Córdoba (1930-1932), mientras cumple el servicio militar. Terminado este, estudia en Carabanchel Alto teología, que corona con la ordenación sacerdotal el 21 de mayo 1936.

Los difíciles años de la guerra los pasa como educador en Sevilla-Triana y Arcos de la Frontera. De 1940 a 1944 está en Algeciras como coadjutor de la parroquia de Ntra. Sra. del Carmen y profesor de religión en el instituto de enseñanza media. Entre 1945-1954 lo reciben, de catequista, prefecto y confesor, las casas de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife.

En 1954 la obediencia le envía a dirigir el oratorio de Santo Domingo Savio de Jerez de la Frontera. En 1957 marcha como director a la casa de Écija, que dejará una profunda huella en su salud. Desde entonces, debió someterse a un fuerte tratamiento.

De 1960 a 1966 está en la casa de Mérida, como confesor y profesor de religión, para instalarse, hasta su muerte, en Algeciras, como maestro y coadjutor de la popular parroquia de San Isidro.

Miguel sufría a causa de sus crisis nerviosas y sentía no poder llevar a cabo la misión que la obediencia le había confiado como ayudante de la parroquia, sintiendo que le separasen de la comunidad por su enfermedad.

Continuamente le pedía al Señor que le enviase una muerte rápida, para no servir de carga a los hermanos. Y el Señor lo escuchó. Había estado viendo salir a los jóvenes y saludando a los profesores, a la espera de una consulta con el doctor, con el que a las 13.30 habló amigablemente.

Al encontrarse algo fatigado y con mareos, subió a su habitación y al intentar incorporarse para ir al almuerzo, cayó al suelo fulminado por un ataque cardíaco. Fallecía así el 29 de noviembre de 1973, a los 64 años de edad.