Julián Romo Escudero
Sacerdote (1928-2017)
Nacimiento: Castellanos de Moriscos (Salamanca), 6 de julio de 1928
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1948
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 26 de junio de 1955
Defunción: Villamuriel de Cerrato (Palencia), 23 de junio de 2017
Nació Julián en el pueblo de Castellanos de Moriscos, al norte de la ciudad de Salamanca, el 6 de julio de 1928. Sus padres fueron Manuel Romo y Cándida Escudero, que tuvieron cuatro hijos; el único varón fue Julián. Tuvo una niñez tranquila en su pueblo natal, donde estudió sus primeras letras.
A los 10 años fue a estudiar bachillerato al colegio salesiano de María Auxiliadora de Salamanca y al terminarlo en 1945 ingresó en la universidad para estudiar medicina, que interrumpió al final del segundo curso para ir al noviciado salesiano de Mohernando, donde profesó el 16 de agosto de 1948. Pasó inmediatamente a hacer el trienio práctico en el colegio de Santander, cursando a la vez los estudios de magisterio. En 1951 comenzó los estudios de teología en Carabanchel Alto, donde recibió las órdenes menores, pero fue ordenado sacerdote en su ciudad de Salamanca el 26 de junio de 1955.
A partir de entonces comienza su singladura apostólica por diversas casas de la antigua inspectoría de León: Orense (1955-1961), Oviedo-Masaveu (1962-1963). De 1963 a 1967 estuvo en el colegio de Madrid-Estrecho para poder estudiar ciencias en la Universidad Complutense de Madrid, en la que sacó el título de licenciatura en Biología. Estuvo destinado en el estudiantado filosófico de Medina del Campo en los cursos 1967 a 1970, pasando después a ejercer su magisterio en los colegios de Vigo-María Auxiliadora (1970-1972): León-Centro Don Bosco (1972-1978); Orense (1978-1980); León-Centro Don Bosco, de nuevo (1980-1982), León-La Fontana (1982-1993 y León-casa inspectorial (1993-1999). Por último, en enero de 1999 fue destinado a la casa de Villamuriel de Cerrato con el cargo de oficinista y confesor; y en esa casa lo sorprendió la muerte el día 23 de junio de 2017, a solo un mes de cumplir los 89 años.
Durante esta larga vida de actividad se dedicó, sobre todo, a la enseñanza y en los últimos años a administrar el sacramento de la reconciliación. Merece destacarse, además, su aspecto de cronista oficial de la comunidad, porque sus crónicas abarcaban todos los campos. Lo mismo incluía acontecimientos políticos del momento, acontecimientos sociales, religiosos y, sobre todo, lo que estuviera relacionado con la comunidad. Las crónicas que ha dejado escritas son originales y sustanciosas y ayudarán mucho a los futuros historiadores de la historia salesiana de este período. Desde el aspecto personal, Don Julián fue un hombre bueno, sencillo, atento y servicial con todos; fidelísimo a los actos de oración comunitaria y verdadero constructor de comunidad por ser una persona amable y abierta, que tenía siempre una palabra de ánimo a su alcance para mantener la serenidad en momentos más delicados. Destacaba su gran conocimiento de la botánica. Sabía los nombres de árboles y plantas en su terminología latina y lo manifestaba en cuantas ocasiones tenía. Algunos de los que fueron sus alumnos le tenían como un «sabio». Y ese deseo de seguir aprendiendo lo mantuvo a lo largo de su vida, recordando continuamente en sus conversaciones los aconteceres de su vida de muchos años atrás, con referencias continuas a la historia pasada y a sus vivencias personales. Y se servía de esos conocimientos para instruir y sensibilizar a sus alumnos en el amor y respeto a la naturaleza. Fue sepultado en el panteón que los salesianos tienen en Astudillo.