Antonio Rubio Peñalver
Sacerdote (1940-2020)
Nacimiento: Olmeda del Rey (Cuenca), 5 de junio de 1940
Profesión religiosa: L’Arboç, 16 de agosto de 1957
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 5 de marzo de 1967
Defunción: Martí Codolar (Barcelona), 22 de octubre de 2020
Antonio nació en Olmeda del Rey (Cuenca), el 5 de junio de 1940. Después del aspirantado en Sant Vicenc del Horts y en Gerona (1952-56), hizo el noviciado en L’Arboc, en donde profesó el 16 de agosto 1957. Estudió la filosofía en Sant Vicenc dels Horts (1957-1960). El trienio lo realizó en Cabezo de Torres-Murcia (1960-63). Los estudios de Teología los cursó en Martí-Codolar (1963-1967), donde al finalizar, recibió la ordenación sacerdotal el 5 de marzo de 1967 en Barcelona-Hogares Mundet, por la imposición de manos de Mn. Matías Solá.
Desde entonces, su labor pastoral la ha venido realizando en Valencia-San Antonio Abad (1967-1971 y 1972-1981), Albacete (1971-1972), Cuenca (1981-1984), Alicante-Don Bosco (1984-1987), y Valencia-San Juan Bosco (1987-2018). Desde el verano de 2018 se encontraba, muy delicado de salud, en la enfermería de Martí-Codolar hasta ayer, día de su fallecimiento.
Antonio tuvo una vocación claramente educadora que desarrolló en las diversas casas antes mencionadas hasta su jubilación, reforzada por la licenciatura en Historia que logró en la universidad de Valencia. Su vocación fue la enseñanza y su tarea, estar con los chicos. No tuvo otras incumbencias ni oros cargos que “la escuela”.
Como historiador y durante algún tiempo miembro de ACSSA, contribuyó eficazmente en la organización del archivo y en la recuperación de la Bibliografía salesiana, recogiendo los fondos de las casas que se habían cerrado.
Su afición a la historia y al arte quedó reflejada en una impresionante colección de libros y postales de pintura y arquitectura clásicas que fue engrosando año tras año y que utilizaba como medio didáctico en sus clases de historia con sus alumnos y que al final de su vida depositó en la Biblioteca Valencia del Monasterio de los Reyes de Valencia.
Una vez jubilado, encontró una salida a su tiempo libre colaborando con el secretario inspectorial en la organización del archivo de la sede inspectorial de la calle Sagunto de Valencia.
Los últimos años estuvo también implicado en la recuperación de la memoria del salesiano arzobispo de Valencia, don Marcelino Olaechea, labor promovida por don José Sanz. Él, junto con otros salesianos, ordenaron y clasificaron principalmente su extensa correspondencia epistolar. Don Vicente Pons, encargado diocesano del Archivo de la Catedral de Valencia, afirma en su mensaje de condolencia: “Antonio colaboró bien y mucho en la catalogación del fondo Olaechea. Era un hombre BUENO de verdad”.
Pedro Ruz, salesiano que compartió con Antonio labores de investigación sobre la figura de don Marcelino afirma también desde Roma: “Era un hombre seco en apariencia, pero tierno en su interior… Dolorido en su interior, con sus debilidades y sus fortalezas… Dios lo haya acogido…” Antonio, en efecto, era de natural reservado, poco dado a manifestaciones afectivas, que contrastaba con sus reacciones de especial sensibilidad cuando recibía alguna muestra de cariño, llegando incluso hasta a las lágrimas. Su trato sencillo y su natural humilde le granjearon amistades duraderas de alumnos y familias de las casas salesianas por donde pasó.
Otra faceta poco conocida de Antonio fue su afición por la música, que quedó plasmada en la colaboración con la Coral San Juan Bosco de nuestra parroquia de María Auxiliadora de Valencia, de la que formó parte, en calidad de tenor, hasta que la enfermedad se lo permitió.
Lo recordaremos –como afirma la reseña informativa de la inspectoría- “como buen salesiano, trabajador, responsable, sencillo, constante, apasionado por conocer y aprender, y con buen sentido del humor”.