Rubio Tejero, Rodrigo

Rodrigo Rubio Tejero

Coadjutor (1896-1965)

Nacimiento: Belalcázar (Córdoba), 15 de marzo de 1896
Profesión religiosa: Sevilla, 11 de noviembre de 1925
Defunción: Campano (Cádiz), 4 de noviembre de 1965

Nació en Belalcázar (Córdoba) en el seno de una piadosa familia. Aunque la madre falleció a los pocos días de su nacimiento, sin embargo, tanto su padre como su hermana le educaron en la piedad, de manera que él mismo decía que desde pequeño la iglesia era su delicia.

Tras hacer en 1917 el servicio militar en Ceuta, ejerce el magisterio en una escuela de su propiedad, montada en su propia casa. Después de salir sano de una grave enfermedad, a sus 24 años ingresa en el aspirantado de Montilla, el 9 de diciembre de 1920, y pasa después al grupo de aspirantes-coadjutores, que por aquel tiempo estaban en Sevilla-Santísima Trinidad. En San José del Valle hace el noviciado, que culmina con la profesión religiosa en Sevilla el 11 de noviembre de 1925, cincuentenario de las misiones salesianas.

Inmediatamente se enrola en una expedición misionera, destinada a Argentina, concretamente a la Patagonia. Durante 10 años permaneció en la inspectoría argentina de Bahía Blanca, recorriendo los colegios de Fortín Mercedes, donde el 29 de enero de 1932 hace su profesión perpetua, San Carlos de Bariloche, Viedma, Trelew (Chubut) y Viedma nuevamente. En todos ellos deja constancia de su celo en la enseñanza elemental, en el canto y, sobre todo, en la música instrumental.

En 1935 volvió a España para ver a su anciano padre y, pese a sus deseos, no regresa más a América. Destinado a Ronda-Santa Teresa, allí le sorprende la Guerra Civil española de 1936. Recorre después, en calidad de maestro de música, las casas de Arcos de la Frontera, Alcalá de Guadaíra, Écija y Fuentes de Andalucía. El curso 1945-1946 lo pasa en San Benito de Calatrava-Sevilla, junto al encargado, don Francisco Casado, para realizar el cierre de la casa.

Desde el año 1946 Campano va a ser su luz y su cruz hasta la muerte, a excepción de los años 1956-1960 transcurridos con los novicios y postnovicios en las casas de San José del Valle y de Utrera.

Rodrigo fue un hombre de gran sencillez, la simplicidad evangélica personificada. Sus dichos eran famosos; sus ocurrencias, por ingenuas, provocaban hilaridad. Estampa campera, por demás, como el guardián de la finca a caballo y con la escopeta en tercerola.

La noche del 3 al 4 de noviembre de 1965, una angina de pecho se llevaba a Rodrigo a recibir el premio de su entregada vida. En sus últimos instantes no se caía de sus manos el rosario. Tenía 69 años.