Saiz Asturias, Fortunato

Fortunato Saiz Asturias

Sacerdote (1911-1992)

Nacimiento: Ubierna (Burgos), 23 de abril de 1911
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 5 de agosto de 1927
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 21 de mayo de 1936
Defunción: Martí-Codolar, 15 de agosto de 1992

Nació en Ubierna, cuna de muchos y grandes salesianos, entre los que citamos a su tío don Enrique Saiz, (a quien don Fortu, como se le conocía, atribuía su vocación salesiana), Juan e Higinio Mata, mártires, hoy beatos, y a su hermano Leandro.

Inició su formación salesiana en Barakaldo y en 1926, apenas con 15 años, comenzó el noviciado en Carabanchel Alto. En agosto del año siguiente hace su primera profesión.

Tras los años de formación filosófica, hace su experiencia de trienio práctico de vida salesiana en Carabanchel y Santander. Al finalizar sus estudios de teología es ordenado sacerdote el 21 de mayo de 1936 por don Marcelino Olaechea. Apenas ordenado sacerdote, vive la experiencia de la Guerra Civil en Madrid.

Después la guerra, el currículum pasa por los siguientes colegios y comunidades: Salamanca (1939-1944), Madrid-Estrecho (1944-1945) donde se licencia en Filología clásica, Salamanca (1946-1959); Santander (1959-1965); Pamplona (1966); Barakaldo (1966-1974); Urnieta (1974-1979); Orense (1979-1983); Santander de nuevo (1983-1989); y Martí-Codolar (1989-1992).

La mejor manera de perfilar su personalidad es a través de las propias palabras y aventuras reflejadas en sus memorias.

Don Fortu describe de maravilla sus idas y venidas por el Madrid de la guerra, no exentas de un cierto aire aventurero. Durante esos años se presentó a oposiciones para maestro en uno de los ateneos libertarios. Tuvo necesidad de justificar su afiliación al partido anarquista, al tiempo que ganaba un sueldo para poder vivir. El consuelo de los sacramentos le daba la fuerza en todas estas circunstancias para hacer de la necesidad virtud. En sus memorias dice que la figura de su tío Enrique Saiz, no fue solo modelo y estímulo, sino su sombra protectora y talismán. Este será un punto clave en toda su vida y acción salesiana a lo largo de los años.

Acabada la guerra, fueron las clases de latín, griego y literatura su trabajo en todos los lugares a donde fue destinado, hasta muy anciano y mientras las fuerzas se lo permitieron.

Sobre la experiencia de la guerra modela las experiencias posteriores de su vida salesiana que enriqueció con su personalidad el carisma de Don Bosco y lo transmitió en unos años y en unos lugares ricos en frutos de vida salesiana.

Falleció en la residencia de Martí-Codolar a los 81 años, el 15 de agosto de 1992.