Sanz Bayón, José

José Sanz Bayón

Sacerdote (1925-2017)

Nacimiento: Villalpando (Zamora), 13 de marzo de 1925
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1943
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 31 de mayo de 1952
Defunción: Arévalo (Ávila), 9 de junio de 2017

José Sanz nació en el pueblo de Villalpando, importante pueblo de la provincia de Zamora. Sus padres fueron José Sanz y Pilar Bayón, ambos de profunda fe cristiana. El padre era juez y después de pasar por varios juzgados, entre ellos el de Salamanca, llegó a ser juez del Tribunal Supremo de Madrid. Desde niño recibió una buena formación tanto cristiana como humana. Estudió sus primeras letras en Villalpando, pero pronto pasó a Salamanca, donde frecuentó el colegio salesiano de María Auxiliadora, en el que reinaba un buen ambiente vocacional.

Pidió ser salesiano e ingresó en el noviciado de Mohernando en agosto de 1942. Allí mismo hizo su profesión religiosa el 16 de agosto de 1943. Después de hacer regularmente sus estudios de filosofía, dada su buena preparación científica, fue destinado a hacer el trienio práctico en el estudiantado filosófico. De este modo quedó marcado su destino futuro, pues durante casi toda su vida fue un profesor muy querido y estimado por generaciones de jóvenes salesianos en diversas casas de formación. Hizo sus estudios de teología en Carabanchel Alto de 1949 a 1952, año del Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona, durante el cual fue ordenado sacerdote en la capital catalana el 31 de mayo de 1952.

Fue inmediatamente después destinado al estudiantado filosófico de la recién estrenada casa de Guadalajara. Frecuentó la universidad, se licenció en Ciencias Biológicas y obtuvo también el título de auxiliar de Matemáticas.

Ejerció su ministerio sacerdotal y su magisterio profesional en las casas de Guadalajara, Madrid-Huérfanos de Ferroviarios, Arévalo y de nuevo en Guadalajara (1987-2015).

Siempre como profesor de matemáticas y ciencias, muy apreciado no solo por sus valiosas enseñanzas, sino también por su acogida paternal y su trato amable. Impartía las clases con competencia y excelencia didáctica. Cuidaba con esmero de los laboratorios de ciencias y preparaba concienzudamente las prácticas. Amenizaba las clases y las horas de patio con sus dichos y proverbios, auténtica genialidad pastoral. Su habitual recomendación del trinomio CES (constancia, esfuerzo y sacrificio) será recordada por innumerables antiguos alumnos como eje pedagógico de sus años escolares. Le gustaba estar al día en cultura e Iglesia y dejó grabados cientos de vídeos divulgativos de ciencia y religión. Tuvo especial cuidado con las vocaciones, ejerciendo muchos años su magisterio en la formación de filósofos y aspirantes.

Su salud comenzó a deteriorarse en los últimos años de su estancia en Guadalajara y a primeros de 2015 tuvo que ser internado en la residencia Rinaldi de Arévalo, donde no solo se integró perfectamente al grupo de enfermos que allí había, sino que se mostró ejemplar por la paciente y alegre aceptación de su enfermedad y por la serenidad y el buen ambiente que creaba en torno a él.

Murió en Arévalo el día 9 de junio de 2017, a los 92 años de edad.