Ureña Arroyo, Francisco

Francisco Ureña Arroyo

Sacerdote (1919-1986)

Nacimiento: Montilla (Córdoba), 17 de enero de 1919
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1935
Ordenación sacerdotal: Carabachel Alto, 15 de junio de 1946
Defunción: Úbeda (Jaén), 1 de enero de 1986

Nace en la localidad cordobesa de Montilla, el 17 de enero de 1919. Con su hermano Antonio, ingresó en el colegio salesiano y en 1930 se incorporó al aspirantado de su misma ciudad.

En 1934 ingresa en el noviciado de San José del Valle, emite sus primeros votos el 10 de septiembre de 1935 y realiza sus estudios de filosofía.

En estos convulsos años realiza su tirocinio práctico en los colegios de Triana en Sevilla, Málaga y Pozoblanco (Córdoba) entre los años 1937 y 1942.

Se traslada al estudiantado de teología de Carabanchel Alto para cursar teología y ordenarse sacerdote el 15 de junio de 1946.

Como joven sacerdote, hace un año en la nueva casa de Granada y después es requerido para la nueva fundación del Hogar de San Fernando, junto a la Macarena, en Sevilla (1947-1954), donde realiza el servicio de catequista.

A partir de 1954 pasa por las casas de La Orotava como administrador del colegio, labor que también realiza en Antequera y en el colegio rondeño de El Castillo. En 1962 sufre una operación, tras la cual es destinado sucesivamente a Palma del Río, Teror, al colegio rondeño de Santa Teresa, Málaga, Linares, Granada-Zaidín y de nuevo Málaga. En esos años se dedicó especialmente a la presencia y asistencia entre los niños, la catequesis y el movimiento apostólico de Luz-Vida.

En la navidad de 1985 fue a Úbeda para visitar a su hermano salesiano Antonio. Después de despedirse la noche del 31 de enero, con la intención de salir el día siguiente para Málaga, sufre una fuerte tensión arterial. Fue hospitalizado, pero no se pudo hacer nada. Falleció en Úbeda el 1 de enero de 1986. Sus restos fueron trasladados a Málaga para el funeral.

Siempre de buen humor y cercano, especialmente con los muchachos, fue un gran catequista. Para ello se formó y se especializó con cursillos desde los años sesenta. Trabajó hasta el final de su vida en la animación de grupos juveniles. Fue un sacerdote acogedor y salesiano de patio.