Manero Borao, Antonio

Antonio Manero Borao

Sacerdote (1928-2016)

Nacimiento: Gallur (Zaragoza), 12 de julio de 1928
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 7 de noviembre de 1945
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 26 de junio de 1955
Defunción: Barcelona, 26 de abril de 2016

Antonio nació en Gallur, Zaragoza, en un caluroso 12 de julio de 1928. Su pueblo, Gallur, y su tierra, Aragón, siempre formaron parte del sentir de Antonio.

Cuando Antonio tenía casi 4 años vivió el fallecimiento de su padre, que tenía entonces 32 años. Fue testigo de la Guerra Civil en su pueblo y en septiembre de 1940 marchó al aspirantado de Huesca, para pasar después a Sant Vicenç dels Horts, donde acabó el aspirantado, hizo el noviciado y profesó como salesiano el 7 de noviembre de 1945. Posteriormente fue a Gerona a hacer los estudios de filosofía.

En 1947 realiza su cuatrienio en Sarrià y Horta. En 1951 estudia en Turín dos años de teología, que terminó en Martí-Codolar. El 26 de junio de 1955 era ordenado sacerdote en el Tibidabo. Al curso siguiente regresó a Turín, donde obtuvo la licenciatura en Teología.

De regreso a España, comenzó su andadura en Mataró. Durante cuatro años fue el consejero exigente y serio (1955-1959). Luego fue nombrado director de esa casa (1959-1963). Comienza aquí una hoja de servicios con entrega generosa y disponibilidad total a los cargos que se le encomendaron, sin apenas descanso: de la dirección de Mataró, a la de Horta (1963-1968) y a la del teologado de Martí-Codolar (1968-1974), donde le tocó vivir momentos de cambios sociales y eclesiales que marcaron la vida del teologado. Fue regulador de dos capítulos inspectoriales y participó como delegado inspectorial en el Capítulo General Especial de 1971-1972. Vivió por entonces la experiencia de predicar ejercicios espirituales en varios países de Hispanoamérica.

Ocurrió también en esa época un suceso que marcaría para siempre el resto de su vida. Un antiguo alumno de Mataró, Salvador Puig Antich, había sido condenado a muerte por su implicación en la muerte de un policía nacional. El propio joven había solicitado la compañía del sacerdote don Antonio Manero, que había sido su educador en Mataró. Allí acudió de madrugada para compartir con aquel joven sus últimos momentos. Al despedirse de él, antes de salir para ser ajusticiado, «cogí sus manos entre las mías —escribe en su diario—, las apreté fuertemente y le dije las últimas palabras que me vinieron a la mente: “Salvador, Dios te ama”. Cuando a mediodía llegó de nuevo a Martí-Codolar, don Antonio —según un salesiano de su comunidad— había envejecido 10 años».

En junio de 1974 inició un segundo periplo de destinos: primero director de Huesca. Al año siguiente, director de los Hogares Mundet durante tres años y de nuevo a Huesca (1978), donde fue nombrado primer párroco de la parroquia de María Auxiliadora (1980). En junio de 1996 regresó a Cataluña como párroco de Sant Boi. Al notar cómo la salud se le iba quebrando, en 2001 fue enviado de nuevo a su querida Huesca. Y en julio de 2011 fue trasladado a la residencia Nuestra Señora de la Merced en Barcelona. Fueron casi cinco años en los que el misterio de la cruz se hizo presente en su vida. La mañana del martes 26 de abril de 2016 fallecía a la edad de 87 años. Ese 26 de abril, don Antonio recibía un nuevo destino. La obediencia ya no le iba a pedir más cambios inesperados.

Don Antonio Manero tenía la grandeza del hombre de autoridad, a la vez que la cercanía del pastor que se preocupa por las ovejas. Dotado de una gran capacidad intelectual, fue testigo de Jesucristo en las aulas, en las parroquias, en los ejercicios espirituales, en sus escritos, en su animación de comunidades, en sus tareas de responsabilidad, en el acompañamiento de los que sufren, en su sencillez y cercanía.