Juan Antonio Gómez Barés
Coadjutor (1929-2015)
Nacimiento: La Alberca (Salamanca), 17 de abril de 1929
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1949
Defunción: Sevilla, 29 de octubre de 2015
Nació el 17 de abril de 1929 en La Alberca (Salamanca). Sus padres, José y María, se dedicaron al campo, a la casa y a sus hijos De profundas convicciones cristianas, formaban parte de un ambiente muy religioso del pueblo. Fueron ocho hermanos, Juan Antonio era el séptimo. De ellos, cuatro fueron religiosos, el mayor carmelita, una hermana hija de María Auxiliadora y dos salesianos. La Alberca ha contado con más de 40 salesianos profesos. Ese ambiente del pueblo, el ejemplo de sus hermanos Félix y Julián y la presencia del hermano de su padre, Ildefonso Gómez Calama, el patriarca de todos los salesianos de La Alberca, influyeron en la decisión de Juan Antonio de hacerse salesiano. Pero mientras todos esperaban que se orientara al sacerdocio, él prefirió ser coadjutor. Le encantaba la carpintería, y al descubrir que se podía ser religioso y carpintero, no dudó en marchar al aspirantado de coadjutores en Cádiz.
En 1943 ingresa en el aspirantado de Cádiz. Allí permaneció durante cinco años de estudios básicos y de prácticas de taller de carpintería con el coadjutor, maestro Alfonso Pagés. Formó parte de la banda y aprendió a tocar el bajo. Ingresa en el noviciado de San José del Valle (1948-1949) y profesa el 16 de agosto de 1949.
Tras su profesión religiosa comienzan sus destinos por las casas como maestro de carpintería: Cádiz (1949-1953); Granada (1953-1954), Sevilla-Trinidad (1954-1978). Esta enseñanza desapareció en favor del metal y la electricidad. En estos momentos deja la carpintería y servirá como chófer al inspector de Sevilla (1954-2014).
En 2014 cesa en su cargo de chófer del inspector y es destinado a la casa de Sevilla-Trinidad (2914-2015). El 30 de mayo de 2015 ingresa en la casa Don Pedro Ricaldone. Necesitaba atenciones médicas y allí las encontró, acompañado de médicos, enfermeros y familiares. Falleció el 29 de octubre de 2015, a los 86 años de edad. En el funeral impresionó la basílica llena de amigos, familiares, paisanos y Familia Salesiana.
Fue un hombre de gran capacidad de relaciones y constructor de redes de amistad que sabía cuidar de por vida. Dotado de un don de gentes especial, todo el mundo era su familia. Era una persona buena y alegre, siempre disponible para cualquier servicio, hombre de oración y piadoso, muy devoto de sor Eusebia Palomino, Don Bosco y María Auxiliadora. Se sentía muy orgulloso de su vocación de salesiano y de coadjutor.