González González, Antonio

Antonio González González

Sacerdote (1928-2015)

Nacimiento: Salamanca, 1 de septiembre de 1928
Profesión religiosa: Mohernando, 15 de septiembre de 1944
Ordenación sacerdotal: Madrid-Carabanchel Alto, 29 de junio de 1953
Defunción: León, 27 de febrero de 2015

Antonio nació en la culta ciudad de Salamanca el día 1 de septiembre de 1928 en el seno de una cristiana familia formada por los padres, Primo y Josefa, cinco hijos y una hija. Comenzó muy pronto a frecuentar el oratorio festivo del colegio salesiano de San Benito, situado en pleno casco antiguo. Del oratorio pasó a ser alumno externo del colegio y allí, junto con las primeras letras, aprendió a conocer a Don Bosco y a amar a María Auxiliadora. Y allí nació su vocación. Su padre dio su consentimiento con unas palabras que le quedaron grabadas en su memoria: «Si fuera para cura o fraile, no lo dejaría ir, pero como es para los salesianos, que se dedican a los hijos de los obreros, nos gustaría que fuera salesiano». Era el espíritu de su familia, que Antonio no traicionaría jamás: con Don Bosco y con los hijos de los obreros.

En septiembre de 1939, tras pocos meses acabada la Guerra Civil, entró en el seminario de Mohernando para comenzar su aspirantado, que completó en Carabanchel Alto y Astudillo. El noviciado lo hizo en Mohernando, donde profesó el 15 de septiembre de 1944 y allí mismo cursó los estudios de filosofía. Era buen estudiante y tenía buenas cualidades de músico. Terminados los cursos de filosofía, fue enviado a hacer el trienio a Arévalo, como formador, profesor y maestro de música de los aspirantes salesianos. En septiembre de 1949 comenzó en Carabanchel Alto sus estudios de teología, que culminaron con la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1953.

Recién ordenado sacerdote, fue enviado a completar sus estudios al Ateneo Pontificio Salesiano (PAS) de Turín, donde se licenció en Sagrada Teología. A su regreso a España la inspectoría de Madrid se había divido en dos. Antonio pasó a formar parte de la nueva inspectoría de Zamora-León y fue destinado al colegio de La Coruña como profesor y asistente. Se cuidó especialmente de las compañías y de la música. Tras cinco años de positiva labor en el colegio, fue reclamado como capellán militar. A continuación fue pasando por cargos de alta responsabilidad: director de los colegios de Huérfanos de Ferroviarios de León (1961-1864) y La Robla (1964-1971), donde contrajo gran amistad con el pintor Vela-Zanetti, que pintó para él un valioso cuadro de Don Bosco. En 1972 fue enviado como profesor y formador al teologado de Salamanca, donde estuvo hasta 1976. Durante esos años fue consejero inspectorial y delegado de la inspectoría al importante Capítulo General Especial, que renovó las Constituciones. Fue después enviado como párroco a La Coruña (1976-1982) y como vicario parroquial a Vigo (1982-1986). A finales de 1986 fue nombrado director de teólogos en Santiago de Compostela hasta 1992. Fue director en Madrid-La Pagoda de 1992 a 1995. Un año de vicario parroquial en Orense y de nuevo destinado a Astudillo, donde pasó 10 años (1996-2006), cumpliendo diversas incumbencias: vicario, administrador, colaborador de la parroquia, encargado de ADMA, etc. Pero sobre todo realizó una labor pastoral a través de la música. Dirigió el coro-rondalla del pueblo de Astudillo. Don Antonio permaneció en Astudillo mientras la salud se lo permitió. Atenazado por la enfermedad de Parkinson, tuvo que acogerse a los cuidados de los hermanos y de las enfermeras.

En 2006 ingresó ya muy disminuido físicamente en la casa inspectorial de León. Allí demostró una vez más su buen espíritu y su sentido de comunidad. Ayudó en lo que pudo, sufrió con paciencia los achaques de la enfermedad y contribuyó positivamente a crear un sereno y alegre ambiente entre los enfermos allí residentes, sin quejas, sin amarguras y siempre respirando una fe viva en Dios y en María Auxiliadora. Antonio fue una persona exigente consigo misma y tolerante con los demás. Sin duda fue uno de los salesianos que más contribuyó a la formación salesiana en la inspectoría de León, donde ha dejado una huella imborrable. Murió santamente, como había vivido, el 27 de febrero de 2015, a los 86 años de edad.