Juan Francisco Vicente González
Sacerdote (1928-2013)
Nacimiento: La Vídola (Salamanca), 26 de marzo de 1928
Profesión religiosa: Mohernando, 6 de enero de 1947
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 26 de junio de 1955
Defunción: Arévalo, 14 de junio de 2013
Nació en el pueblo salmantino de La Vídola el 26 de marzo de 1928 en una familia formada por sus padres, Francisco e Inés, y sus cinco hijos, familia cristiana, donde recibe la fe y las disposiciones fundamentales que en la vida le tendrán sirviendo al Señor en la Congregación Salesiana: honradez, trabajo, austeridad, responsabilidad. Quedó muy pronto huérfano de padre. Fue su madre quien lo llevó a los salesianos. La hermana más pequeña fue monja de clausura.
Juan Francisco recorrió su proceso formativo con normalidad en las diversas etapas: fue aspirante en Astudillo y Mohernando. Hizo el noviciado en Mohernando en 1946-1947 y profesó el día 6 de enero de 1947. Hizo su trienio en el colegio salesiano de Vigo, en la escuela de Automovilismo de Madrid y en Deusto. Cursó teología en Carabanchel Alto, donde fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 1955.
Como sacerdote ejerció su ministerio en varios colegios salesianos: Barakaldo, Santander, Carabanchel, Béjar, Guadalajara. Pero, sin lugar a dudas, el sitio donde Juan Francisco pudo realizar con plenitud su misión salesiana fue en el colegio de Aranjuez. Allí llegó con la madurez de sus 58 años, a aportar su trabajo, en una casa que se acababa de tomar de la Compañía de Jesús. Era el año 1986 y la comunidad salesiana estaba recién constituida. En muchos aspectos había que partir de cero y renovar todo al estilo salesiano. A Juan Francisco le tocó fundar y consolidar la Asociación de María Auxiliadora. En poco tiempo se convirtió en un verdadero apóstol de la devoción a la Virgen de Don Bosco. La Asociación ADMA, gracias al tesón, al entusiasmo y al buen hacer de Juan Francisco, se consolidó rápidamente. Hoy está en pleno florecimiento. Además de llevar la asociación, tenía el encargo de atender la biblioteca del colegio y el cargo de ofrecer «los primeros auxilios» a los niños que sufrían alguna leve lesión. Por otra parte, fue él quien asumió el encargo que tenía la comunidad de atender pastoralmente a las dos «capillas» algo distantes de Aranjuez (Villamejor y Algodor). Eso le sirvió para propagar también allí la devoción a María Auxiliadora.
Juan Francisco era un hombre que irradiaba paz y armonía allí donde estaba y transmitía serenidad incluso en situaciones difíciles. Parco en palabras y abundoso en sonrisas.
En los últimos años comenzaron a notarse en él síntomas de debilitamiento físico, que fue progresivamente aumentando. Los hermanos de la comunidad lo atendieron con gran cariño durante mucho tiempo, pero llegó un momento en que ya no podía mantenerse por sí solo y tuvo que ser llevado a la residencia Rinaldi de Arévalo, donde al cabo de poco más de un mes falleció el 14 de junio de 2013, a los 85 años.
Sencillez y discreción fueron los rasgos que lo caracterizaron. Caía bien a todos y todos se encontraban a gusto con él. Era un hombre de comunidad, que construía comunidad.