Ramón Olivé i Picañol
Sacerdote (1924-2008)
Nacimiento: Sant Llorenç Savall (Barcelona), 31 de agosto de 1924
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1943
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 28 de junio de 1953
Defunción: Barcelona, 5 de agosto de 2009
Nació en Sant Llorenç Savall (Barcelona) el 31 de agosto de 1924, hijo de Enrique y Esperanza, que regentaban la fonda Olivé del pueblo.
Entró en el colegio salesiano de Sarrià antes de la guerra y a él volvió al terminar la contienda. En aquel ambiente de postguerra, con el colegio en plena reconstrucción, nació su propósito de ser salesiano.
Hizo el aspirantado, el noviciado y su primera profesión (16 de agosto de 1943) en Sant Vicenç dels Horts (1941-1943). Siguieron los estudios de filosofía en Gerona, el trienio práctico en Pamplona y teología en Martí-Codolar. Fue ordenado sacerdote en el Tibidabo el 28 de junio de 1953.
Sus primeros siete años de sacerdocio los pasó en Huesca, a los que después siguieron los años de Reus, Ciutadella, Mataró, Sabadell, Terrassa, Badalona y Urnieta. En 1977 llegó por primera vez al colegio de Ripoll, donde permaneció cuatro años (1977-1981). Después de tres años en Sant Boi de Llobregat, vuelve de nuevo a Ripoll (1990-2001). Al desaparecer la comunidad, retorna a Sant Boi y finalmente a Sabadell, desde 2002 hasta su muerte, acaecida el 5 de agosto de 2009, tras dos meses de estancia en el Hospital de la Vall d’Hebrón de Barcelona.
La época de su mayor realización personal fue la de Ripoll, donde fue vicario y párroco de la parroquia de San José Obrero, en la que Ramón era el pastor, presidía las celebraciones, saludaba y animaba a todos los grupos de catequesis, visitaba enfermos, participaba en las actividades de la población, no podía salir a la calle sin que le saludaran unos y otros. Jamás conseguía hacer todo seguido su camino de la parroquia al colegio. Siempre paciente y amable: «Nunca nos reñía», decían los niños de catequesis parroquial.
Ramón era una persona afectuosa y sensible; capaz de emocionarse ante cualquier muestra de afecto o ante las necesidades ajenas, aunque trataba de disimularlo. Era también sensible y cariñoso con su familia, «dispuesto siempre a cumplir y compartir todo con los demás» (una sobrina).
Piadoso, su espiritualidad no era pietista, sino pastoral: acogedor con los enfermos y penitentes, comprometido con las actividades parroquiales, como los grupos de Cáritas y de inmigrantes.