Bastarrica Celaya, Salvador

Salvador Bastarrica Celaya

Sacerdote (1919-2005)

Nacimiento: Azkoitia (Guipúzcoa), 12 de septiembre de 1919
Profesión religiosa: Mohernando, 23 de julio de 1936
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 22 de junio de 1947
Defunción: Logroño, 17 de agosto de 2005

El ambiente ejemplar de la familia —tres hermanos sacerdotes salesianos: José Luis, Salvador y José Manuel— y del pueblo, la influencia de su tío José María Celaya Badiola, mártir salesiano, y de otros salesianos de Azkoitia, hicieron que don Salvador siguiera los pasos de Don Bosco.

Profesó como salesiano el 23 de julio de 1936, pocos días después de estallar la Guerra Civil española. Junto con otros hermanos salesianos fue encarcelado, situación que le dejó profunda huella a lo largo de toda su vida. Conservó, por ejemplo, hasta el final de sus días la cucharilla con la que podían consagrar el vino para celebrar la eucaristía en la cárcel.

Don Salvador recorrió después las casas de San José del Valle, para estudiar filosofía, y Carabanchel Astudillo y Deusto, para la época del tirocinio práctico. Estudió teología en Carabanchel Alto y allí fue ordenado sacerdote el 22 de junio de 1947. Fue enviado para sacar la licencia de teología al PAS de Turín-La Crocetta.

Pasó inmediatamente después a ser profesor en los teologados de Carabanchel Alto y Salamanca, durante casi 20 años, ejerciendo también de prefecto en la época de Salamanca. Durante seis años fue director del colegio de Santander, donde desplegó una gran actividad, tratando de dotar al colegio de mejoras pedagógicas y ambientales.

A finales de julio de 1973 fue elegido inspector de la inspectoría de Bilbao. Se trataba de una inspectoría joven y con mucha vitalidad. Al finalizar su mandato, fue destinado a la Procura de Misiones en Madrid y más tarde fue nombrado párroco en la parroquia San Juan Bosco de Errenteria. Llevaba el encargo de construir un templo parroquial, pero no pudo hacerlo realidad. En 1984 fue nombrado director de la Procura de Misiones de Madrid y amplió sus espacios hasta situarse en la calle Ferraz, donde hoy tiene su sede. Concluido su servicio en la Procura en 1990, fue destinado a la casa inspectorial de Bilbao, como encargado de los bienhechores.

Se conserva una extensa crónica de su vida que abarca unas 500 páginas, escritas a mano. Comienza la crónica el 24 de agosto de 1973, día de su toma de posesión del cargo de inspector, y concluye, 21 años después, el 6 de septiembre de 1994, en Bilbao. En todos los días de estos 21 años viene detallado su programa y horario: entrevistas tenidas, visitas realizadas, Buenas noches y homilías predicadas, relación con sus familiares, y conversaciones con los superiores de la Congregación. Es una crónica rápida y escueta, que refleja muy bien la personalidad y la vida de don Salvador.

Permaneció en la casa inspectorial hasta el 1 de julio de 2005, en que fue trasladado a la residencia de enfermos de Logroño, donde el 17 de agosto de ese mismo año murió.

Don Salvador supo conjugar la cultura y la teología con el sentido práctico de la misión, destacando en el aspecto económico y en la construcción y realización de nuevos proyectos, pero conservando siempre la inquietud de un verdadero apóstol. Hombre sistemático, hasta los últimos años de su vida siguió la costumbre de organizar la semana distribuyendo los días para leer temas de teología, liturgia, moral y noticias de iglesia. Su inquietud intelectual y su vida organizada las reflejó en sus escritos, conservados en libretas y en cientos de fichas.

Su amor a la Congregación se puso de manifiesto, sea en la entera disponibilidad para aceptar las encomiendas que los superiores le iban indicando, procurando desempeñarlas con sentido de fidelidad y con una dedicación exclusiva. A él se debe el impulso para formar el aula de salesianidad de la inspectoría, que es hoy, en España, uno de los centros más importante de documentación salesiana.