Puyol Membrado, Manuel

Manuel Puyol Membrado

Sacerdote (1933-1997)

Nacimiento: Roquetas (Tarragona), 15 de febrero de 1933
Profesión religiosa: Martí-Codolar, 16 de agosto de 1950
Ordenación sacerdotal: Barcelona-Horta, 29 de junio de 1959
Defunción: Barcelona, 29 de agosto de 1997

Nació el 15 de febrero de 1933 en Roquetas (Tarragona), aunque pasó toda su infancia en Sant Pere Pescador (Gerona). Sus cristianos padres entregaron al Señor a Manuel, salesiano, y a Conchita, hija de María Auxiliadora.

Ingresó como alumno en los salesianos de Gerona (1944-1949). Inició el noviciado en Martí-Codolar, donde profesó el 16 de agosto de 1950. Hizo los estudios de filosofía en Gerona (1950-1952) y realizó el tirocinio práctico entre Mataró y Valencia-San Antonio. Estudió teología en Martí-Codolar (1955-1959) y se ordenó sacerdote en el colegio de Horta, el 29 de junio de 1959.

Ya sacerdote, trabajó un año en Gerona y luego fue enviado al PAS de La Crocetta-Turín (1960-1961) para licenciarse en Teología. Fue destinado después como consejero a Ripoll (1961-1965), continuó en Ciutadella (1965-1971) primero como consejero y luego como director. Siguió como director en Mataró (1971-1975), de donde pasó a Sabadell (1975-1981) como encargado de la casa de acogida de Sentmenat, etapa que aprovechó para obtener la licenciatura en Filología catalana con notas brillantísimas. Fue destinado después a Horta (1981-1984) y a Sarrià (1984-1990).

A sus 57 años, inició su experiencia misionera en Costa de Marfil, como director de Korhogó (1990-1997). Sintiéndose mal, pidió volver a su tierra catalana y, a pesar de los cuidados recibidos en la clínica del Pilar, un paludismo cerebral acabó con su vida el 29 de agosto de 1997. Tenía 64 años.

Manuel poseía una rica personalidad. Era discreto y eficaz, exigente y de buen corazón, optimista y de muy buen humor, muy inteligente y hábil, bondadoso y tolerante, sincero y noble de espíritu, gran trabajador y constructor de comunidad. Tenía siempre recursos para entretener a los chicos y a los hermanos de comunidad.

En Sabadell, cuando llegaba Manuel, los salesianos apagaban la televisión, pues con él lo pasaban mejor. «Las casas salesianas —decía— están condenadas a vivir alegremente. Me he hecho a esta teología de la presencia festiva de Dios, y me ha ido muy bien para superar situaciones difíciles».