Armelles Pallarés, José Miguel

José Miguel Armelles Pallarés

Sacerdote (1901-1994)

Nacimiento: Cella (Teruel), 16 de agosto de 1901
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 24 de julio de 1919
Ordenación sacerdotal: Aspe (Alicante), 31 de agosto de 1930
Defunción: Cabezo de Torres (Murcia), 29 de diciembre de 1994

Nació el 16 de agosto de 1901 en Cella (Teruel) en el seno de un hogar profundamente cristiano, formado por sus padres, Francisco y Luisa, y ocho hijos, de los cuales Ernesto y Miguel se hicieron salesianos y Encarnación y Pilar, Hijas de María Auxiliadora.

Siendo alumno interno del colegio San Antonio de Valencia, donde su hermano Ernesto era el catequista, marchó al aspirantado de El Campello. Inició el noviciado en Carabanchel Alto, donde profesó el 24 de julio de 1919. Hizo los estudios de filosofía también allí y el trienio práctico en Ciutadella. Marchó a Turín para los estudios de teología, que hubo de interrumpir dos veces para impartir clases en El Campello, mientras terminaba sus estudios teológicos. Fue ordenado sacerdote en Aspe (Alicante) el 31 de agosto de 1930.

Su largo periplo sacerdotal se inicia en El Campello y continúa en el Barcelona-Tibidabo y Ciutadella, de nuevo, donde le sorprende la Guerra Civil. Es detenido con el resto de la comunidad y encarcelado, pero personas amigas consiguen su libertad y le ofrecen cobijo seguro en aquellas circunstancias difíciles.

Acabada la guerra, lo encontramos en Villena, Alcoy y Alicante. A continuación, como director, en el estudiantado filosófico de Gerona, en Ciutadella y en El Campello. Tras unos años de confesor en esta casa, es nombrado primer maestro de novicios de la nueva inspectoría San José de Valencia en Ibi y en Godelleta. Sus últimos años los pasa como confesor en Sádaba, El Campello, Albacete, Elche y finalmente en Cabezo de Torres donde, a pesar de sus 83 años, conservó su inagotable optimismo y hasta su potente voz. Disfrutaba en el patio con los chicos, los entretenía y les daba nociones de esperanto. En Cabezo muere el 29 de diciembre de 1994, a los 93 años de edad, víctima de un cáncer hepático.

«Hemos recibido de él muchos ejemplos de piedad, puntualidad y pobreza», comenta la comunidad de Cabezo. «Llevaba al cuello la medalla con un simple cordel de plástico, y no permitió que se lo quitaran ni siquiera para operarle; con él murió. Su habitación era, de verdad, la de un pobre».

De recio temple aragonés, fue un salesiano potente, optimista y entusiasta, pedagogo por vocación, extraordinario profesor e inquieto autodidacta. Sus antiguos alumnos, sobre todo de Ciutadella, la casa que más amó en su vida salesiana, lo recordaban como una persona cordial, sencilla, humilde, amena, amable director espiritual y elocuente predicador, un volcán de entusiasmo y fervor… en los recreos, en las clases…

Los testimonios llegados con ocasión de su muerte resaltan su fidelidad y su cordialidad, la claridad y el entusiasmo en sus ideas, su amor a todo lo salesiano, a María Auxiliadora y a Don Bosco, su filial respeto a los superiores.

Don José Miguel se mantuvo hasta su ancianidad fiel a los valores de su vida, conservó una inquietud constante por estar al día, esforzándose por asimilar los nuevos enfoques de la Iglesia conciliar. A pesar de su deficiente visión y la sordera de sus últimos años, conservaba un inagotable optimismo.