Peciña Iriarte, José

José Peciña Iriarte

Sacerdote (1932-1994)

Nacimiento: San Vicente de Sonsierra (La Rioja), 9 de febrero de 1932
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1948
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 26 de junio de 1957
Defunción: Martí-Codolar, 10 de marzo de 1994

Nació el 9 de febrero de 1932, en San Vicente de la Sonsierra (Logroño); sus padres, Florentino y Felisa, formaron una cristiana familia de cinco hijos. Siendo José María muy niño, quedó huérfano de padre.

En 1943 inició el aspirantado en Huesca, continuándolo en El Campello y Gerona. Hizo el noviciado en Sant Vicenç dels Horts y su primera profesión el 16 de agosto de 1948. Siguieron los dos años de filosofía en Gerona, el trienio práctico en Valencia-San Juan Bosco, teología en Martí-Codolar (1953-1957) y la ordenación sacerdotal en el Tibidabo, el 26 de junio de 1957.

Sus primeros años de sacerdote los pasa en los Hogares Mundet de Barcelona (1957-1965) como consejero, catequista y prefecto. Es nombrado después director de la casa de la Meridiana (1965-1969), Mundet (1969-1975), Monzón (1975-1976) y Huesca (1976-1979).

Tras un curso en la UPS de Roma, marchó a Costa de Marfil (1980-1987), donde fue director y párroco de Duékoué, primera presencia africana en el África francófona. Motivos de enfermedad lo devuelven a España y es destinado como director a Sant Boi de Llobregat (1987-1990) y después a Mataró como prefecto y vicario de la parroquia (1993-1994).

Su precaria salud lo llevó a la casa de enfermos de Martí-Codolar, donde murió el 10 de marzo de 1994, a los 62 años.

José María fue una persona profundamente buena: buen compañero, buen amigo, buen hermano, buen sacerdote, buen misionero y buen salesiano. Siempre sencillo, de buen talante, cordial, cercano, comprensivo, trabajador incansable, con gran sentido práctico. Llamaba la atención por su calma inalterable, su sonrisa amable y su trato exquisito.

Su sensibilidad a favor de los pobres se manifestó especialmente en Mundet y entre las gentes de África.

Fue un hombre de una espiritualidad profunda, pero manifestada con sencillez y naturalidad, al estilo salesiano. Amante y propagador de la devoción a María Auxiliadora, supo encarnar la pasión apostólica, la capacidad pastoral y el espíritu oratoriano de Don Bosco.