José María Campoy Sedeño
Sacerdote (1910-1971)
Nacimiento: Málaga, 24 de marzo de 1910
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1927
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 22 de mayo de 1937
Defunción: Santisteban del Puerto (Jaén), 3 de abril de 1971
José María, malagueño de nacimiento y de carácter, había nacido un Jueves Santo, 24 de marzo de 1910. A los 11 años ingresa en el colegio salesiano de su ciudad y de allí marcha como aspirante a Cádiz. En San José del Valle hace el noviciado, profesa el 8 de septiembre de 1927 y cursa los dos años de filosofía.
Realiza el trienio en Sevilla, teología en Carabanchel Alto y San José del Valle y recibe la ordenación sacerdotal en Sevilla (22 de mayo de 1937).
Con el trienio empieza a familiarizarse con Sevilla, tanto que —en propia confesión—, «aunque malagueño por nacimiento, todos me tienen por sevillano. Y llevan razón, pues los mejores años y más sobresalientes acontecimientos de mi vida los he gozado en Sevilla».
Desarrolló la misión salesiana en las presencias de Sevilla-Trinidad, Cádiz, Granada (fundador y director), Algeciras, Córdoba, Málaga, de nuevo en Sevilla, primero en la RUS, y de nuevo la Trinidad, Jerez de la Frontera, Puerto Real, Arcos de la Frontera, Carmona y Utrera.
Gustaba a don José María narrar el encuentro que, siendo aspirante en Cádiz, tuvo con don Felipe Rinaldi, rector mayor, que visitó España en 1926. Al preguntarle si llegaría a ser sacerdote, la respuesta fue afirmativa, pero acompañada de unas palabras proféticas que don José no llegó a desentrañar plenamente hasta meses antes de su muerte: «Sí, serás sacerdote; harás mucho bien y sufrirás mucho…».
Hombre de arrolladora simpatía humana y espiritual, impregnada de bondad, supo transformar esa simpatía natural en arma de apostolado, de amor a la Congregación. De ella, proclamaba sin ambages, que lo había recibido todo.
Fue un apóstol de las vocaciones y de la buena prensa. Fundó la revista vocacional Ven y Sígueme, las hojas Exalumnos de la Trinidad, Catecismo, de Sevilla y Auxilium. Escribió también diálogos y teatro corto para niños y jóvenes. Apóstol del oratorio festivo, su vida se consagró al apostolado directo con los adolescentes y jóvenes, organizándoles veladas, juegos y colonias escolares veraniegas. Apóstol de los antiguos alumnos, a quienes amó y entre los que derrochó lo mejor de su vida.
Fomentó la religiosidad popular en las hermandades y cofradías. Las Hermandades de Puerto Real, de Santisteban del Puerto, del Sagrado Decreto de la Trinidad (Sevilla), del Cristo de la Buena Muerte de Utrera y de la Borriquita de Arcos de la Frontera… fueron testigos de ese sentir profundo.
Rebosando alegría le sorprendió la muerte. Tras la cuaresma, había concluido en Santisteban del Puerto (Jaén) el septenario de Ntra. Sra. de los Dolores. A la mañana siguiente celebró la Sta. Misa y fue a casa de la familia Páez Salas, antiguo alumno salesiano de Utrera y de la RUS, con objeto de despedirse. En ese momento se sintió mal y un colapso cardíaco le abría en dos horas las puertas del Paraíso.
El Domingo de Ramos por la tarde se celebró la misa corpore insepulto en la amplia basílica de María Auxiliadora de Utrera, totalmente abarrotada de fieles.