Magín Portella Carrera
Coadjutor (1902-1968)
Nacimiento: Monrós-Torre de Capdella (Lérida), 5 de marzo de 1902
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1924
Defunción: Bilbao, 28 de agosto de 1968
Nació en Monrós (Lérida) el 5 de marzo de 1902, en una familia imbuida totalmente del espíritu cristiano y del trabajo. Educado en este ambiente rico de fe y de piedad, sintió la llamada de Dios a los 18 años e hizo su entrada como aspirante en el madrileño colegio Ronda de Atocha. Hizo el noviciado en Carabanchel Alto, acabado el cual, profesó en la Congregación, en el año 1924. A los pocos meses, la obediencia le destinó a Argentina.
Llega al colegio Pío IX, siendo director del mismo don Jorge Serié, para ejercer el oficio de impresor. Por motivos de salud, en el año 1932, los superiores creen conveniente trasladarle a la Pampa Victoria. Pero como no mejora de sus dolencias, regresa a España en 1936 y es destinado a Ronda de Atocha. A los pocos meses de su vuelta a España estalla la Guerra Civil y él, con los demás salesianos, fue apresado y recluido en la Dirección de Seguridad. Después de gozar de las cariñosas atenciones que le prodigó una familia navarra, logra reunirse con sus familiares en julio de 1937.
El día 10 de agosto de 1938 llegó a la casa de Deusto donde pasará 30 años. En todo este tiempo de su permanencia en Deusto, trabajó constantemente como encargado de la ropería de la comunidad y de los numerosos alumnos internos, como responsable de las compras y de los muchísimos encargos de la casa, todo ello en la oscuridad y en el silencio, hasta que fue llamado a la casa del Padre.
El mejor homenaje póstumo que se le puede hacer es ser parco en elogios. Los directores de casa, los hermanos salesianos y antiguos alumnos, a quienes quería entrañablemente, le recuerdan como el salesiano piadoso y humilde, el coadjutor sencillo y trabajador, el hombre bueno, tranquilo y callado, que emanaba tranquilidad y santidad y huía de las alabanzas. Encarnaba la hermosa figura del salesiano coadjutor y religioso.
El 10 de agosto de 1968, tras una intervención quirúrgica, le diagnosticaron un tumor en el estómago y desde este día hasta el 28 dio palpables muestras de paciencia y resignación, así como de su preparación al gran paso. En sus últimos momentos estaba rodeado de varios salesianos y del propio señor inspector, que le sugería las últimas palabras consoladoras de despedida.
Los funerales fueron lo que se esperaba: una manifestación de gente agradecida, de muchos salesianos de la inspectoría y de antiguos alumnos, que veían desaparecer en la persona del querido coadjutor un admirable ejemplar religioso.