Puertas Alberdi, José

José Puertas Alberdi

Sacerdote (1886-1968)

Nacimiento: Azkoitia, 23 de septiembre de 1886
Profesión religiosa: Sarrià, 5 de septiembre de 1909
Ordenación sacerdotal: Orihuela (Alicante), 25 de julio de 1918
Defunción: Valencia, 28 de agosto de 1968

Nació el 23 de septiembre de 1886 en Azkoitia (Guipúzcoa), hijo de Dionisio y Josefina, y predecesor de la larga serie de azkoitiarras salesianos salidos de ese fecundo vivero vocacional.

Monseñor Marcelino Olaechea, con quien convivió sus últimos años, redactó su carta necrológica, de la que nos servimos para esta reseña.

A la muerte de su padre, entró ya mocito en la casa de Gerona (12 de diciembre de 1904) para ser aspirante salesiano. Transcurrido el noviciado en Sarrià, emitió los votos temporales el 5 de septiembre de 1909.

El trienio lo pasó en Sarrià, estudió teología en El Campello y fue ordenado sacerdote en Orihuela (Alicante) el 25 de julio de 1918. Desempeñó el cargo de administrador en las casas de Salamanca, Madrid y Valencia.

Fue luego director del Boletín Salesiano español durante seis años en la casa madre de Turín. Y por otros tres, director de la de Barakaldo. Por todo un sexenio estuvo al frente de la inspectoría de Chile. Y le tocó a continuación ser el verdadero salvador y guía al frente de la casa profesional de Deusto-Bilbao. Finalmente terminó sus últimos 15 años de administrador de la comunidad salesiana arzobispal, con don Marcelino Olaechea.

Resalta a continuación don Marcelino tres facetas de su personalidad salesiana:

– La pureza de costumbres; pues fue espejo de reserva y delicadeza salesiana, y jamás se hizo a ninguna suerte de manga ancha a pesar de las ligerezas de los tiempos que corremos.

– La integridad del salesianismo; pues ni el dinero, ni el aplauso, ni el tirar del parentesco a pesar del amor entrañable a los suyos, le apartaron un ápice de ella… Se mantuvo siempre, como quería Don Bosco, hombre de pocas palabras y muchos hechos. «¡Qué salesianos!», decía añorando sus años de oro. «¡Qué superiores! ¡Qué trabajar sin ahorrarse y sin remilgos! ¡Qué amor a nuestra madre María Auxiliadora! ¡Qué amor a los superiores y hermanos! ¡Qué obediencia filial, sumisa y amorosa! ¡Qué santa y alegre vida de familia!». Por don Rinaldi sentía, como sentimos los salesianos españoles de otrora, verdadera fascinación, devoción sincera; recordando hasta los menores detalles de su trato.

– El amor al trabajo. No apartó el hombro; no se ahorró. Arrastrando todas las molestias de su incurable enfermedad, estuvo al remo hasta el fin, administrador de esta comunidad, confesor de comunidades religiosas, profesor de religión de las Operarias Parroquiales y, en particular, muy en particular, de la escuela diocesana de Asistentes Técnicas Sanitarias, que le veneraban y para quienes las virtudes, las palabras y la venerable ancianidad de don José Puertas fueron gran consuelo. Ellas le llevarán insepulto en el alma.

Después de 15 años como administrador de la comunidad salesiana que acompañaba a don Marcelino Olaechea, y víctima de un cáncer que soportó durante tres años, falleció en Valencia el 28 de agosto de 1968, a la edad 81 años.