Vicente Schiralli
Sacerdote (1867-1957)
Nacimiento: Corato (Italia), 8 de diciembre de 1867
Profesión religiosa: Foglizzo (Italia), 23 de agosto de 1991
Ordenación sacerdotal: Sarrià, 23 de diciembre de 1894
Defunción: Barcelona, 6 de febrero de 1957
Nació en Corato (Italia) el 8 de diciembre de 1867. A los 20 años deja a sus padres, Francisco y Felipa, en su taller de escultura y marcha a Turín. Se acoge a la paterna dirección de don Felipe Rinaldi como hijo de María en el colegio San Juan Evangelista. Siempre se lamentó de no haber podido ver a Don Bosco, fallecido siete meses antes. Una hermana suya se hizo salesiana y murió en olor de santidad.
Tomó la sotana de manos de don Rua en el noviciado de Foglizzo, donde hizo su primera profesión el 23 de agosto de 1991. Los estudios de filosofía y teología los terminó en Barcelona-Sarrià, donde también cantó su primera misa el 23 de diciembre de 1894.
Don Rinaldi, director de Sarrià e inspector de España, lo envío en 1895 a fundar la casa de Béjar. A los tres años abrió el colegio de san Benito de Salamanca, compró después el terreno, hizo el proyecto y puso los fundamentos del colegio de Salamanca-María Auxiliadora.
La obediencia le traslada como administrador y después de director a Sarrià hasta 1907, año en el que marcha a fundar el colegio de Huesca-San Bernardo.
¡Fecundos sus primeros 15 años de sacerdocio!
De 1910 a 1923, se encargó de los trabajos del Tibidabo e inauguró la cripta románico-bizantina, en cuyos bellos mosaicos venecianos intervino con su mano de artista.
En 1923, don Marcelino Olaechea, inspector de la tarraconense, lo nombró secretario ecónomo inspectorial. Y al dividirse en 1925 la inspectoría en las tarraconense y céltica, don Marcelino se lo llevó consigo a Madrid con los mismos cargos, hasta que en 1932 don Ricaldone lo llamó a Italia como director del noviciado de Portici, en Nápoles, hasta 1935.
En ese año, al ser nombrado don Marcelino Olaechea obispo de Pamplona, lo recuperó para su pequeña comunidad y le nombró como ecónomo diocesano, cargo que desempeñó hasta que en 1942 cumplió 76 años y solicitó volver a su inspectoría de Barcelona para mejor prepararse a morir.
Escribe don Marcelino Olaechea: «El Señor le dotó de una salud de hierro y de una bella proporción armoniosa de alma… predicador sobrio, exacto, elocuente. Fue genial pirografista, “pintor maravilloso” lo calificó Ignacio Zuloaga. Era hombre de pocas palabras, ajeno a distracciones y pasatiempos… Creo que don Schiralli, hombre de gran espíritu de piedad y de trabajo, hijo amantísimo de la Congregación, alma delicada y vibrante de artista, fue un lirio de pureza salesiana».
Hizo después del Tibidabo, hasta su muerte, su particular Tebaida. Su venerable figura lo llenaba todo, esclavo del horario, era el primero en levantarse por la mañana, puntual a todos los actos de comunidad, prudente en su absoluto silencio para no molestar a los más jóvenes con sus propios criterios y vasta experiencia. Jamás estaba ocioso: cuando no rezaba, leía y, para descansar la vista, pintaba.
«¡Estoy esperando la llamada del Señor!», respondía a los hermanos que se admiraban de su longeva vida. Una afección cardiorrenal, su primera y única enfermedad, en solo tres días acabó con su vida. Murió el 6 de febrero de 1957, a los 89 años de edad.